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Farmacéutico. Profesor Titular en la UDO. Consultor y Asesor de Empresas en el sector privado; organizaciones gubernamentales en el sector público y persinas naturales. Estudios de especialidad, maestria y doctorado. Gerencia de ciencia y tecnología; planificacion financiera; planificación de la educación superior; gerencia de organizaciones; gerencia política y gobernabilidad. Pensamiento complejo. Historia de Venezuela. Docente investigador de Postgrado. Trainer Coach. Locutor certificado por la UCV.

domingo, 26 de agosto de 2012

Venezuela y la desesperanza aprehendida y aprendida:

No es cuestión de leche, es cuestión de actitud.
El eslogan publicitario que rige parte de la estrategia comercial de Empresas Polar C. A., reza: ”Si se puede”. Tal vez mi mente lo asocia a otro de significación política en el país y por tanto orientado a la propaganda, “Si podemos, somos MAS”. En todo caso, son planteamientos generados desde una evidente posición optimista del entorno. Las traigo a colación y expongo, al considerar la necesidad que vive la sociedad venezolana en su conjunto, cuando dentro de algo más de cuarenta días enfrente definitivamente el dilema alternativo que la lleva indefectiblemente al cambio del actual sistema político que la rige.
Cambio que habrá de producirse cualquiera sea el resultado comicial del venidero 7º. De ganar los actuales regentes del poder político nacional, la posibilidad de tomar caminos hacia la democracia abierta, participativa y protagónica, constitucionalmente establecida, se habrá cerrado. La profundización de la transición hacia el tipo de régimen ortodoxo y ya previamente fracasado en la URSS, Korea del Norte y Cuba, será inevitable. Caso contrario, los demócratas apostamos a un cambio de gobierno que abra las puertas al siglo XXI e impulse una rápida y dinámica transformación de Venezuela en lo político, económico y social, recuperando los verdaderos valores de nuestra cultura para hacer del país, una nación postmoderna, de cara al devenir final de la segunda década del presente siglo y, obvio, las subsiguientes.
Desde esa perspectiva de análisis, valga comparar la publicidad de los emprendedores a los que acompaña el grupo empresarial ya referido, en la que apunta la posibilidad del logro en todo emprendimiento por cuanto si se puede, siempre se puede con la propaganda oficial en la que un ciudadano de humildes orígenes, apunta que el actual presidente de la república es su Dios, su nuevo Bolívar y es él quien lo sacará de las catacumbas de vida en las que habita. Se trata de la diferencia entre lo que deseamos aprehender y lo que se quiere que aprendamos como conducta de vida.
Asumiendo en compromiso del cambio y la necesidad de reconstruir de verdad no ya la Cuarta República que la Quinta termino de hundir, sino la Republica de Venezuela, esa que nos duele a todos los que hemos aprehendido y aprendido a querer sin distingos de raza, credo o color político e ideológico, deviene a la palestra pública un libro de interesante consideración al respecto: No es cuestión de leche, es cuestión de actitud, (Todoactitud; 2012; 209 pp.), escrito por Carlos Saúl Rodríguez, motivador de la “vinotinto” y uno de los artífices del cambio experimentado por nuestra Selección Nacional de Futbol en los últimos años.
Venezuela si se puede implica un cambio en nuestra actitud individual y expresión colectiva. Ese cambio es posible. Es posible abrazarnos y trabajar de manera conjunta ante la necesidad que de ello tiene el país. Un país devastado de bando a bando, consumido en sus más diversas manifestaciones desde lo político hasta lo social y la disociación humana en el fomento de enemigos y adversarios y no de personas con visiones distintas de un mismo hecho. Por tanto un país donde hoy, hay mucho que hacer para restablecer el orden social y la vida en comunidad. Claro que si se puede. Pero, como todo en la vida, hemos de comenzar por el principio y el principio ya está aquí. De la mano de la Fuerza del Cambio, de la mano de Capriles y toda esa juventud que le acompaña en su empeño presidencial, podemos transformar la realidad actual y reconocernos en el otro mirando ambos la construcción de nuestro propio futuro, el que nuestro libre albedrio determine en función de los deseos de cada quien. Comencemos pues el avance en la transición facilitando la llegada de Henrique Capriles Radonski al ejercicio del gobierno nacional para el período 2013 – 2019. El próximo 7 de octubre, todos a votar, a votar por el pais y nuestro futuro, a votar por la UNIDAD DEMOCRATICA y su tarjeta. Capriles la Fuerza del cambio, Capriles Presidente, si se puede. Se ve, se siente, Capriles Presidente.

sábado, 25 de agosto de 2012

Capriles: La fuerza del cambio

Dependiendo del punto de vista y los intereses de cada quien, la Venezuela que viene encuentra una encrucijada en la que, una alternativa enfrenta a la otra conduciendo al país por caminos altamente diferenciados. Tan diferenciados que incluso, mucha de la dirigencia política que aspira alcanzar cargos de representación política no atina comprender. La cuestión va mucho más allá de Capriles. Este joven de cuarenta años, con estudios universitarios y de postgrado, tanto dentro como fuera del país, es expresión de la nueva generación de políticos que aspira generar una transformación del país, de tal profundidad, que no en balde cabe suponer que ello marcará la entrada de Venezuela en el siglo XXI y viceversa.
No se trata de un cambio de nombres u hombres, tampoco de una sucesión generacional; lo que está planteado de cara al futuro, es la sumisión de la población ante la vorágine del poder en manos de una y única persona ó, la posibilidad de abrir sendas nuevas al progreso y que cada persona pueda trabajar en la construcción de sus propios contextos de vida sin que por eso haya que caer en la intolerancia, la mezquindad y el desprecio del otro y para con el otro.
Se trata de labores colectivas, en lo que cabe, brindando igualdad de oportunidades a todos, sin más limitaciones que las derivadas de los propios intereses individuales y obvio, de las aptitudes, tal y como lo tiene establecido la Constitución de la República. Cuando escribo estas líneas, he leído lo publicado hoy por un docente, corajudo, disciplinado e intelectualmente solvente, perteneciente al plantel profesoral de la Universidad Bolivariana de Venezuela en nuestra querida Ciudad Bolívar.
Su escrito está basado en un par de inconformidades que expresa sin ton ni son, como parte de una reflexión autocrítica ante la realidad que se vive en el país. La primera refiere la cuestión inherente a la desidia con la que algunos gobernadores del proceso revolucionario manejan las instancias de poder que detentan, sin mayor interés por lo ciudadano y la ciudadanía diría yo, a la vez que crítica el que esa ciudadanía no se haga participe y promotora de los cambios necesarios para el crecimiento colectivo, a su vez, reflejo del crecimiento individual.
La segunda consideración la hace respecto a la supuesta igualdad que pretende inculcarse en todos los ciudadanos como uno de los factores fundamentales del mismo proceso revolucionario. Con valor, apunta la diferenciación que de manera natural existe entre los seres humano, una cuestión que no tiene por responsable otra instancia como no sea la carga genética de cada quien, instalada en cada individuo como consecuencia de quienes antecediéndoles en la vida, hicieron yunta para procrearle, haya sido de manera responsable o no. Concluyendo lo que resulta obvio en el caso del sistema democrático y un gobierno que pretenda ser tal: Los hombres corrigen las desigualdades al amparo de la ley por una parte y, por la otra, brindando a todos, igualdad de oportunidades.
Pues bien, que la intelectualidad revolucionaria reconozca tan solo ese par de cosas, ya es un indicio importante de que el proceso, tal y como hasta ahora fue concebido, se agoto. Se agoto en la intolerancia, en la impunidad, en la más nefasta corrupción que jamás habitara en gobierno alguno con pretensiones de convertirla en caldo de cultivo para la transformación de los valores culturales de la nación. Se muestra agotada en el discurso de quien, sin haber resuelto temas fundamentales de la realidad nacional, que luego de catorce años de gobierno aun se encuentran pendientes, se muestra agotado en el petitorio de seis años más en los que se afirma, la eficiencia del gobierno superar lo anteriormente realizado…
Ante el agotamiento precedente, no queda más que una y única alternativa: La fuerza del cambio, Capriles, un presidente para el siglo XXI….