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Farmacéutico. Profesor Titular en la UDO. Consultor y Asesor de Empresas en el sector privado; organizaciones gubernamentales en el sector público y persinas naturales. Estudios de especialidad, maestria y doctorado. Gerencia de ciencia y tecnología; planificacion financiera; planificación de la educación superior; gerencia de organizaciones; gerencia política y gobernabilidad. Pensamiento complejo. Historia de Venezuela. Docente investigador de Postgrado. Coach con Certificación Internacional de CIC. Locutor certificado por la UCV.

martes, 2 de julio de 2013

Simpatía por King Kong



Estrenada en el Radio City Music Hall de Nueva York el 2 de marzo de 1933, King Kong constituye una película de aventuras, genero que había despertado interés en con la aparición de un par de novelas basadas en los mundos perdidos[1] y que antecedieron al  guión novelado que fue conocido en 1932, esto es, un año antes del estreno del film, gracias a la publicación que hiciera Delos W Lovelace.  Fue dirigida por Merian C. Cooper y Ernest B Schoedsack con las protagonizaciones de Fay Wray, Robert Armstrong y Bruce Cabot. Fue escrita por Ruth Rose y James Ashmore Creelman sobre una idea de Merian C. Cooper y Edgar Wallace.  La película, asocia en un viaje a la Isla de Calavera, a un director de cine, una actriz que padece los estragos de la depresión de 1929 y se encuentra desempleada y el capitán de la embarcación, el Venture, en la que se dirigen para ubicar a un misterioso ser llamado Kong, a quien el director de cine, desea filmar. 
 
Teniendo como base esa película y, tomando como motivo la composición musical basada en los compases creados por Kiko Mendive y sus amigos generacionales en sus incursiones habaneras al Cine Belazcoain, donde acudían para ver la película homónima de la que Ibsen Martínez, escritor de alto vuelo, nos presenta como título de su última novela, recién dada a la luz, Simpatía por King Kong. El texto, severo en algunos pasajes a la vez que grave y profundo en otros, viene dotado de una dinámica envolvente, esa que nos lleva de principio a fin de la obra una vez nuestra vista ha recorrido las primeras palabras, frases introductorias, párrafos iniciales, ideas que calan de inmediato en nuestro sentir, la novela es para mí, un texto transparente y limpio.

Cuando hemos avanzado suficientemente en su lectura, caemos en cuenta de la representación gráfica que toma lugar en la portada y que, comparada con otras fotografías de la misma época y personajes, luce evidentemente real en los orígenes de alguna de las muchas presentaciones que en México realizara Cecilio Francisco Mendive Pereira, coreógrafo y bailarín  nacido en la Habana el 22 de noviembre de 1919 y falleciera en el Hospital Universitario de Caracas el 5 de abril del 2000 como consecuencia de un enfisema pulmonar y no por herida alguna causada durante los eventos del “Caracazo” en febrero de 1989. Esta y otras aseveraciones que hace el autor, forman parte del imaginario que da lugar a la narración novelada de esta historia que gira alrededor de la vida artística en ascenso y declive de aquel a quien conocen como “el descubridor de Dámaso Pérez Prado”.

Montada en siete capítulos que dan lugar a ciento sesenta y seis páginas, la novela – para utilizar una expresión de Sonia Chocrón -, fue haciéndose a “fuego lento”, como se hace todo aquello que implica la presencia del verdadero amor. El autor asume la narración desde la personificación de un periodista, Raúl, a la sazón hombre ligado a un medio televisivo que no es otro que Radio Caracas Televisión y su encuentro con Paco Chapman quien le cuenta la historia relativa al famoso Mambo de King Kong cuyo arreglo para orquestación fuera realizado para Mendive por Pérez Prado en la ciudad de México a finales de década de los cuarenta del siglo pasado.

La novela da cuenta de las peripecias existenciales de Kiko Malanga, personaje que en el texto representa a Mendivil, en un juego literario que no solo lo asoma como personaje principal y ficticio de la obra sino a la vez, con la propia presencia de Mendive en el escenario y contexto de esta creación ibseniana. Un pasaje ralentí por su juventud en la Habana; su vida artística en México donde Mendive tuvo participación o al menos reconocimiento de créditos en unas treinta filmaciones reconocidas entre 1942 y 1956, y sus llegadas a Venezuela, la primera, en 1948, como parte de una revista musical en la que también participaba, entre otros famosos de ayer, Olga Guillot; y la segunda, en 1952, cuando definitivamente se instala en el país. 

Si el perfil artístico cultural de Mendive es fundamental en la novela, el autor recrea los hechos del “Caracazo”, ocurridos el 27 y 28 de febrero de 1989 y, ubica a Malanga como participante en esos eventos que constituyen la arista social de la narración sin dejar de lado la arista política, que también es objeto de consideración y descripción por parte de Martínez, particularmente en lo que atañe a la situación de “Numberone”, es decir, Carlos Andrés Pérez y como vive esa circunstancia el narrador de la historia y su relación con Wanda, periodista del  canal; Aurelio Santolongo, Gerente General  del mismo canal y Elsa, esposa de Raúl luego de que este concluyera su affaire amoroso con Wanda. 

Por otro lado, forman parte de la trama, personajes como el ya  nombrado Chapman, quien no solo es empleado del canal sino que vive en las instalaciones del mismo donde se origina su amistad con Raúl, el Narrador de la historia. También los amigos de Kiko Malanga: Toto, músico; Napoleón Chiclayano, atleta experto de lucha libre y Alonso Braña, El Jabao, amigos de Kiko quienes le visitan la noche en que habrá de morir en el hospital. La China, pareja de Mendive y la Sra. Mercedes,  quien en momento anterior fuese su pareja del momento y su hija, casa de esta última a la cual se dirigía Malanga cuando quedó atrapado en medio del fuego cruzado entre francotiradores y militares en las adyacencias de Pagüita. Luego, el más inocente de todos, Victor, hijo de Malanga. La médico Consuelo Antuna quien recibe y atiende la emergencia de Kiko Malanga y a su vez, ha sido Señorita Venezuela en 1988. 

En el reparto de roles también aparecen, Yogi, el cámara de Wanda. Fernán, hermano de Raúl y músico. Angélica Cobos, profesora de la Facultad de Humanidades de la Universidad Central de Venezuela. Mordecai Insam, propietario de la tienda de equipos musicales en la que encontró a Kiko Malanga saqueando y de la cual finalmente extrajo un teclado Casio. Raquel, hija de Raúl y estudiante de música. Efrén, primo de Raúl. Teresa, madre de Raúl y Frank Quevedo, entre otros, quien finalmente caso con Wanda y quedaron viviendo en Estados Unidos.

Como señalo en cada una de las oportunidades en las que doy vida a estas notas sobre la literatura venezolana de estos tiempos, no soy crítico literario ni he tenido estudios de ninguna naturaleza, formal o informal sobre literatura y letras, más que las recibidas a lo largo de mi formación en la escuela primaria y en el liceo. Lo que aquí presento no es otra cosa que mis impresiones como lector lego acerca de lo leído y lo que ello ha descubierto en mí y para mí. En ese sentido he apuntado que me parece un texto transparente en cuanto hay en ella una claridad que no deja lugar a dudas en cuanto a lo que el autor desea poner frente a nosotros el autor. Opino que es una obra limpia en cuanto el autor dispuso su argumentación hilvanando un círculo perfecto desde principio a fin en el que los tiempos, pausas y cambios de escenarios narrativos se suceden de manera secuencialmente perfecta, no quedando en el lector ninguna duda en cuanto al camino que transita durante la lectura e interpretación del texto. En el capítulo cuatro, Martínez desarrolla una mezcla de relatos en tiempo pasado y tiempo presente, vinculando los hechos que ocurren en la película que se supone se está viendo en tiempos actuales después de su filmación sesenta o setenta años antes.

Vistos el contexto, los personajes y la parte sustantiva de la trama, cabe señalar las notas que surgieron y fui apuntando sobre el mismo texto, a medida que avanzaba en la lectura.  Ibsen Martínez, autor y creador de alta factura y amplia experiencia nos pone a pensar en el hecho de que “jamás nos enamoramos de un cuerpo sino de un carácter.” (p. 30) y que haya chics capaces de vivir solas, una cuestión a la que no se acostumbran muchos hombres y viven saltando de la rama de un árbol a otro para no estar nunca solos en materia de afectos y amoríos.

Igualmente el autor nos lleva a una reflexión sobre la economía del saqueo en la que los saqueadores buscan los bienes de mayor valor en el mercado, los cuales pueden transar rápidamente y en medio de una dinámica que les permite regresar casi de inmediato al sitio donde este se lleva a cabo. (pp. 33 – 34). Nuestros políticos, satisfechos con la posesión de una “sabiduría convencional sobre el mundo y las leyes que lo rigen,” (p. 37)   Cita y nos invita a la lectura del libro Lugar común la muerte escrito por Tomás Eloy Martínez (p. 40). 

Escribir esta novela le llevo más de veinte años a Ibsen, desde el momento inicial en que la concibiera como posibilidad literaria. Un documento, la partitura arreglada por Dámaso Pérez Prado para la orquesta que Kiko Mendive pensó crear con él en el México de los años cuarenta abre la inventiva y da lugar a la narración que en el capítulo cinco, páginas 115 – 116 dispara el pensamiento sobre hechos que son ciertos, tal es el  caso de que ninguna organización subversiva se hiciera responsable de los hechos de febrero de 1989; las posibilidades hipotéticas de que esos eventos hubiesen sido dirigidos desde la participación del G2 cubano o las semejanzas que guardan, la realidad de aquellos días con los que vivimos actualmente y que ponen en boca de El Jabao: “- ¿Quieres que te diga una vaina? NumberOne no termina el mandato: esto se puso jediondo a golpe militar – dijo y bajó del carro. Boca de sapo.” (p. 116)

De allí que personalmente piense que hemos estado viviendo una transición desde 1998, como en efecto viene ocurriendo, e incluso desde antes, desde 1992. La cuestión es que ello me lleva a plantearme ante los eventos que van de diciembre de 2012 hasta el recorrido actual en 2013: ¿Hacia dónde?

Finalmente, la cuestión del rating televisivo y la explotación de las miserias humanas (pp. 147 – 148) y  el hecho de que si la mala suerte existe, la vida de Kiko Mendive es fiel reflejo de ella. Mala suerte como la canción que canta Henry Fiol. Cuando hacia el final, la vida pareciera darle una nueva oportunidad y abrir camino a sus años de despegue a la eternidad, la vida de Malanga experimenta una nueva penuria con el caso de la ficción envuelta en la adaptación de la novela Campeones de Guillermo Meneses, ocurren los hechos en los que Taffy, el perro entrenado en la lucha antidrogas termina cargándosela porque cuando uno esta de malas, hasta los perros lo mean, que en este caso fue, arruinarle el final de vida artística a Kiko Mendive. Mucho del contenido de las páginas 157 y 158 reflejan muy cerca algunas características de mi personalidad.

BIBLIOGRAFIA
MARTINEZ Ibsen (2013) Simpatía por King Kong. Planeta. Caracas

Wikipedia La enciclopedia libre (2013). King Kong (Película de 1933). [Documento en línea] Disponible en el Portal Web: http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=King_Kong_(pel%C3%ADcula_de_1933)&oldid=66472635.   Consulta realizada el 1 de  julio de 2013 

Youtube (2013) Mala suerte (Canción interpretada por Henry Fiol.)  [Documento en línea] Disponible en: www.youtube.com/watch?v=Ob7nO-wtP08  Consulta realizada el martes 2 de julio de 2013.


[1] [1] En 1912 se conoce la novela de Arthur Conan Doyle, El mundo perdido. Posteriormente, este género literario se ve reforzado en su interés con la publicación de La tierra que el mundo olvido, escrita por Edgar Rice Burroughs, en el año 1918, la primera de ellas llevada al cine en 1925 por el mismo equipo de efectos especiales que trabajara en  King Kong, el cual estaba bajo la dirección de Willis O´brien.