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Farmacéutico. Profesor Titular en la UDO. Consultoría y Asesoramiento en planificación, organización y gerencia. Coaching. Políticas públicas. Estudios de especialidad, maestría y doctorado.

jueves, 5 de enero de 2012

Lecturas al final de 2011 y comienzos del 2012

Termino el año leyendo un texto muy particular, “Virgen a los treinta” de Vivian Sleiman, (Planeta, octubre de 2011). Controversial, ajeno a técnicas narrativas de interés, el libro deja muchas dudas en cuanto al tema central y suena a revancha ante Bob, el come dulce de las grandes ligas, por haber dado pie a que terminara la relación sentimental que sostenía con la autora, dejando de lado la entrega a la que ella estaba dispuesta. Como hombre, el pelotero queda muy mal parado, no porque no se atreviera a la asunción del compromiso que ella esperaba a cambio de que este penetrara la virginidad material de su cuerpo – cuestión a la que ella estaba dispuesta -, sino porque si lo afirmado por ella en relación a él, es cierto, el pelotero resulta ser una gran patán. El libro dejara mucho a la discusión de lo ético y los valores. Hay que reconocer la valentía de su autora al atreverse a la publicación de tales intimidades ante el mundo machista de habla hispana y el reto a los fundamentalismos de la cultura erótico sexual y familiar del oriente cercano en las tradiciones libanesas. Concluí su lectura el sábado treinta y uno de diciembre en horas de la mañana, antes de partir a un buen día de playa en Punta La Cruz, ensenada de Guanta, estado Anzoátegui.
Inicio el 2012 con un libro para el aprendizaje y la distracción erudita. Alberto Soria (Alfa, noviembre 2011 en segunda edición, la primera del año 2007), nos acerca al extraordinario mundo del whisky. “Mi whisky, Tu whisky, El whisky” representa un mar de conocimientos sobre la materia, que nos lleva a disponer un mayor control y ocupación en cuanto a la calidad de lo que en esta materia ingerimos como legado de los campesinos escoceses que con este destilado de finales del siglo XV (Los primeros destilados datan, según el autor, de 1494, dos años después de la llegada de Colón a tierras del continente americano), han afirmado una de la mejores expresiones de la legitimidad en cuanto denominación de origen. Es un buen libro, interesante de verdad y, a la salud de todos…
La historiografía venezolana de los primeros momentos en cuanto a su devenir, hizo uso abusivo de la historia como hipérbole ciclópea de lo que había de considerarse prácticamente un acto de los dioses encabezado por El Libertador. La formación de historiadores profesionales y su actividad de investigación, viene acercándonos a un mundo de la historia venezolana mucho mas apegada a la verdad de los acontecimientos. Desnudando virtudes y miserias de los hombres y mujeres de aquel entonces, tanto de participantes activos como de mirones, dando un giro a lo que ha devenido en fuentes de nuestros orígenes como nación. La Venezuela heroica de Eduardo Blanco va quedando atrás, a la sombra de las potentes luces que iluminan el camino de la verdad real y verdadera de nuestra historia, tal cual lo narra y deja ver Elías Pino Iturrieta en su “Independencia a palos” (Alfa: noviembre 2011). Es parte de lo que ahora voy leyendo.
Al día de hoy, tres de enero de 2012, entran en lista de espera tres nuevos libros, adquiridos esta tarde durante una salida al único centro comercial cuya actividad pueda tenerse como tal en Lecherías, ese mundo donde la generalidad del país y sus problemas quedan fuera de alcance por cuanto esto es otra cosa. Bien compre tres libros. El primero, escrito por Ferran Adriá, el hombre de la físico – química gourmet y su cocina molecular; Valentín Fuster, Médico cardiólogo, presidente de la Fundación Internacional Science, Helath and Education cuyo objetivo es procurar la divulgación y promoción de la salud a través de la educación y el periodista Josep Corbella, experto en divulgación de temas relacionados con la ciencia. El título del libro, “La cocina de la salud” (Planeta: 2010; impreso en Venezuela en febrero de 2011) Ameno, educativo y de interés para la preservación de la salud familiar en todo sentido. El otro texto, “Los desterrados” de Eduardo Sánchez Rugeles, el autor de Blue Label / Etiqueta Azul que ya les comentara en meses pasados y que me agrado mucho por el tema y contenido. Apenas hojee dos páginas y lo deje porque es el tipo de narración que engancha desde la primera página y debo terminar las dos lecturas que tengo pendientes antes de entregarme a estas.
El tercero de los textos traídos al apartamento esta tarde a las ocho de la noche, luego de “degustar un asquerosito” en Plaza Mayor, (A veces nos antojamos de lo inverosímil), y haber comprado en “La Cava”, unas costillitas de res, del tipo asado de tira que degustaremos familiarmente mañana a mediodía de la mano de la suegra Estilita en un consomé tan rico como todas las sopas que prepara, está destinado a una lectura pausada, al análisis y la reflexión académica y de utilidad en cuanto mi formación y desempeño profesional desde la perspectiva de la historia, en este caso de Latinoamérica, y de los perfiles políticos implícitos en políticas públicas venezolanas de alcance internacional.
Producto de los trabajos de investigación adelantados desde 1993 por el Dr. José Briceño R.. El título, “La integración regional en América Latina y el Caribe. Procesos históricos y realidades comparadas”. La primera edición vio la luz en 2007 como parte de la colección textos universitarios del Vicerrectorado Académico de la Universidad de Los Andes en Mérida. Se trata de un libro para el estudio profundo y la consulta necesaria ante las necesidades de formación o investigación que se tengan por delante y que sin lugar a dudas, es un instrumento académico que debe formar parte sustancial de toda biblioteca que se precie de tal, en cuanto profesionales de la historia o la política en Venezuela. El Dr. Briceño es uno de los más acuciosos investigadores y conocedores de nuestros límites y fronteras, particularmente en la fachada occidental del país. Es y será un extraordinario texto para la consulta y superación de dudas en esta materia.

Puerto La Cruz, enero 3 de 2012
11.30 pm

martes, 17 de mayo de 2011

(IV): Gastronomía, cocina, tiempos y caminos…

Buscando los sabores de mi madre (I)

Vista desde la óptica platoniana, la realidad aparece ante nosotros como reflejo fenomenológico de lo que esencialmente ella es. Al contrario de la realidad en cuanto a los hechos, en el caso platónico hemos de asumirla desde la elaboración de nuestras percepciones sensoriales en el contexto individual de la base instrumental que en lo cognitivo, emocional y espiritual posee cada quien. Visto así, la muerte no existe más que en cuanto a la desaparición del soporte material que sostiene y otorga la vida en el marco de nuestras existencias. Desde esta elaboración filosófica, la trascendencia humana de la temporalidad existencial, se corresponde con la permanencia fenomenológica de quien ya no está físicamente entre nosotros. Mientras haya alguien que en algún rincón de la vida y en cualquier momento le piense, le recuerde, los que hoy no están, continúan viviendo.

Tal vez desde esa postura ante la vida, recuerdo a mi madre y la veo en sus faenas de casa, particularmente en una actividad que grandes satisfacciones le producía: Cocinar. Sí, mi madre es una gran cocinera, con una destreza empírica para dar sazón al condumio que sus ,anos elaboran. Nacida en Casanay, hoy capital del Municipio Autónomo Andrés Eloy Blanco en el estado Sucre, mi madre disfrutaba el arte de su cocina y la tranquilidad de la poesía. Vale apuntar que la vena erótica instalada en mi sangre deviene de la escucha de aquellos poemas prohibidos que, en uno que otro momento de la escondida soledad a mis once o doce años, escuchaba mientras por momentos era yo el único habitante de casa. Por esas y otras tantas razones, para mí, mi madre vive.

Hoy su presencia se hace más nítida ante mí, cuando mediante el método de aciertos y errores pretendo alcanzar los sabores que su exquisita cocina dejo en el saciado apetito de mi infancia, de mi juventud y de parte de mi edad adulta. Memorables son aquellas días en los que, sentada sobre un banco de sastrería cuya altura estaba por debajo de sus rodillas, llevaba a mi boca, bocado tras bocado el condumio del momento y el día, bien fuesen aquellas arepas blancas, redondas, anchas, con las marcas que la rejilla del anafre dejaba sobre la crujiente concha, envoltorio de una masa suave y perfectamente trabajada. Mezclada con huevos de reciente fritura en yemas amarillas como el color de los soles en verano y la ralladura de queso blanco, todo amalgamado en las falanges de su diestra mano que amorosamente daba satisfacción a mis apetitos infantiles en el desayuno o la cena, cuando el sol se perdía en el ocaso de su viaje al oeste para esconderse de la luna.

Aquellos otros desayunos y el ritual de domingo en la mañana, traídos del contacto con otras culturas en las que el trigo, la leche y los huevos derivaban en panquecas similares a las que la publicidad nos refería de una Señora nombrada Betty Croquer. Eran tiempos de la leche en polvo Denia en sus latas amarillas y verdes al igual que Reina del Campo en sus envases azules. Mamá calentaba la leche recién hecha e inmediatamente la aireaba traspasándola de una olla a otra y dejando que al aire la penetrara para hacer brotar la espuma que, tibia, o mezclada con el café negro que apenas dejaba el colador después de haber impregnado toda la casa con su sabroso y estimulante aroma, hacia nuestras delicias en el primer y único café con leche del día, en aquellos tiempos.

Qué decir de sus exquisitas refritas. Las hacíamos brillar al colocar mantequilla sobre la superficie que sus formas exhibían, en mi caso, las endulzaba con un poco de azúcar y recordaba que en algún momento de esa semana, habían formado parte del almuerzo en el que los “tropezones” de plátano suplantaban el subproducto refinado de la caña para darle el dulce sabor a la usanza de los caraqueños. Inmejorables las arepa dulces. Masa de maíz pilado, semillas de anís dulce, aguamiel o guarapo de papelón para amasar y endulzarlas. Luego de darles forma, las freía en aceite muy caliente, se abombaban de manera inmensa y al llegar a la mesa veíamos lo como lo delgado y casi imperceptible de aquella “piel” que las cubría, se había arrugado, dejando el cuenco de un nido en el que colocar el queso rallado, al igual que las estrellas de Nazoa (2005: 451 – 4539) cuando aquel poeta muerto de hambre, dedicó una rima al hambre de su amada. Creo que el secreto de aquellas arepas está en agregar a la mezcla primigenia un poco de harina de trigo. Por ahí andan las cosas y sigo probando en el camino de reencontrarme con los sabores de mi madre. Quién sabe, tal vez un día nos encontremos y me diga como lograrlo…



Referencia bibliográfica:

Nazoa A. (2005). Humor y amor. Panapo. Caracas. En este referente bibliográfico, hay un poema titulado: Nocturno del poeta y la arepa, en el que, imposibilitado de conseguir una arepa para saciar el hambre de su amada en una noche de luna llena, el bardo termina ofreciéndosela cual gran arepa, y toma las estrellas como parte de un gran plato de queso rallado esparcido bajo el cielo.