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Farmacéutico. Profesor Titular en la UDO. Consultoría y Asesoramiento en planificación, organización y gerencia. Coaching. Políticas públicas. Estudios de especialidad, maestría y doctorado.

sábado, 25 de agosto de 2012

Capriles: La fuerza del cambio

Dependiendo del punto de vista y los intereses de cada quien, la Venezuela que viene encuentra una encrucijada en la que, una alternativa enfrenta a la otra conduciendo al país por caminos altamente diferenciados. Tan diferenciados que incluso, mucha de la dirigencia política que aspira alcanzar cargos de representación política no atina comprender. La cuestión va mucho más allá de Capriles. Este joven de cuarenta años, con estudios universitarios y de postgrado, tanto dentro como fuera del país, es expresión de la nueva generación de políticos que aspira generar una transformación del país, de tal profundidad, que no en balde cabe suponer que ello marcará la entrada de Venezuela en el siglo XXI y viceversa.
No se trata de un cambio de nombres u hombres, tampoco de una sucesión generacional; lo que está planteado de cara al futuro, es la sumisión de la población ante la vorágine del poder en manos de una y única persona ó, la posibilidad de abrir sendas nuevas al progreso y que cada persona pueda trabajar en la construcción de sus propios contextos de vida sin que por eso haya que caer en la intolerancia, la mezquindad y el desprecio del otro y para con el otro.
Se trata de labores colectivas, en lo que cabe, brindando igualdad de oportunidades a todos, sin más limitaciones que las derivadas de los propios intereses individuales y obvio, de las aptitudes, tal y como lo tiene establecido la Constitución de la República. Cuando escribo estas líneas, he leído lo publicado hoy por un docente, corajudo, disciplinado e intelectualmente solvente, perteneciente al plantel profesoral de la Universidad Bolivariana de Venezuela en nuestra querida Ciudad Bolívar.
Su escrito está basado en un par de inconformidades que expresa sin ton ni son, como parte de una reflexión autocrítica ante la realidad que se vive en el país. La primera refiere la cuestión inherente a la desidia con la que algunos gobernadores del proceso revolucionario manejan las instancias de poder que detentan, sin mayor interés por lo ciudadano y la ciudadanía diría yo, a la vez que crítica el que esa ciudadanía no se haga participe y promotora de los cambios necesarios para el crecimiento colectivo, a su vez, reflejo del crecimiento individual.
La segunda consideración la hace respecto a la supuesta igualdad que pretende inculcarse en todos los ciudadanos como uno de los factores fundamentales del mismo proceso revolucionario. Con valor, apunta la diferenciación que de manera natural existe entre los seres humano, una cuestión que no tiene por responsable otra instancia como no sea la carga genética de cada quien, instalada en cada individuo como consecuencia de quienes antecediéndoles en la vida, hicieron yunta para procrearle, haya sido de manera responsable o no. Concluyendo lo que resulta obvio en el caso del sistema democrático y un gobierno que pretenda ser tal: Los hombres corrigen las desigualdades al amparo de la ley por una parte y, por la otra, brindando a todos, igualdad de oportunidades.
Pues bien, que la intelectualidad revolucionaria reconozca tan solo ese par de cosas, ya es un indicio importante de que el proceso, tal y como hasta ahora fue concebido, se agoto. Se agoto en la intolerancia, en la impunidad, en la más nefasta corrupción que jamás habitara en gobierno alguno con pretensiones de convertirla en caldo de cultivo para la transformación de los valores culturales de la nación. Se muestra agotada en el discurso de quien, sin haber resuelto temas fundamentales de la realidad nacional, que luego de catorce años de gobierno aun se encuentran pendientes, se muestra agotado en el petitorio de seis años más en los que se afirma, la eficiencia del gobierno superar lo anteriormente realizado…
Ante el agotamiento precedente, no queda más que una y única alternativa: La fuerza del cambio, Capriles, un presidente para el siglo XXI….

domingo, 15 de abril de 2012

Todo 11 tiene su 13 de abril; inexorablemente, después llega el 7 de octubre

No deja de llamar la atención, la forma en la que los más altos jerarcas del poder público nacional se han referido en días recientes a Henrique Capriles Radonsky (HCR).  Maricoson, le ha indilgado el Canciller de la República. De no tener bolas le ha acusado el Presidente del Poder Legislativo y, por si fuese poco, el propio Jefe de Estado le apunta que no tiene pelos en los cojones y es un pobre muchacho.
La verdad, luego de haberse convocado oficialmente a los dos procesos electorales de este año, 7 de octubre para elegir presidente de la república y 16 de diciembre para que los electores en cada estado elijan su gobernador para los próximos cuatro años, HCR se ha anotado tres puntos contra cero de su hasta ahora, posible adversario por la silla presidencial de Miraflores. En efecto, el primer punto se lo anotó cuando el ministro Izarra señalo que el actual presidente no requería moverse en el casa por casa ya se encuentra sembrado en cada uno de los hogares del país. Ese reconocimiento de las limitaciones de su candidato para adentrarse en la realidad vivida por los habitantes del país, valido por descarte, el extraordinario trabajo que con dinamismo y energía sobrantes, viene haciendo “el majunche” frente al pueblo. El siguiente punto se lo ha dado el propio candidato al afirmar que le da pena debatir con HCR y que por esa razón no lo enfrentara. Evidentemente que esta situación refleja que el presidente asimiló el golpe y no dispone estrategia de respuesta ante el hacho conocido por todo el país político venezolano en cuanto a que HCR no polemizara con el actual jefe de la revolución, por lo que, a confesión de parte, relevo de pruebas. El tercer punto corresponde al reconocimiento tácito de su derrota al pretender crear la figura de una comisión cívica – militar y contrainsurgente, reconociendo en ello que da por descontada su fracaso electoral y busca atajos para desconocer la Constitución Nacional y los resultados que le serán adversos el 7de octubre próximo.
El escenario electoral está montado. Se rumora que el presidente ha señalado la necesidad de buscar otro candidato debido al avance y estragos que la enfermedad va produciendo en ya minada salud. Tres son las posibilidades. Que el enfermo presidente mantenga la candidatura y bregue la  campaña electoral; que el PSUV sustituya la candidatura por otra y, finalmente, la más temida por todos en ese frente político, que el presidente fallezca antes del 7 de octubre.
Si el presidente mantiene su candidatura, cuestión que parece muy cuesta arriba, impone niveles de exigencia a un organismo que como el suyo, pudiera no responderle y generar su colapso definitivo en breve tiempo. Una cuestión que no se desea en el PSUV y menos aún, en las sectas que bajo el paragua del poder condigno han proliferado a la sombra del ejercicio político del presidente. En el segundo caso, la única certeza existente es que, quienquiera sea el candidato suplente o sustituto, tiene asegurada la derrota electoral y política ante HCR y la Unidad de la Oposición, un escenario que les pone los pelos de punta a todos por cuanto casan los privilegios que han mantenido durante ya catorce años, aparte de que muchos verán más y sentirán las sombras de la justicia y el encarcelamiento en sus espaldas debido a la multiplicidad de los hechos de corrupción de todo orden en los que se encuentran involucrados. El tercer evento no es optativo, ante la presencia material de la muerte no existe opción en contrario. El fallecimiento del presidente deja huérfana a la revolución y sus acólitos, entre quienes no parece haber alguno capaz de la dar la cara y sostener el equivocado proceso y por eso la amenaza de crear la comisión ya señalada, como parte del mecanismo que intenta infundir miedo a la población, una cuestión que ya fue ampliamente superada de la mano de quienes el pasado 12 de febrero se atrevieron a decir presente y acudieron a votar en primarias por parte de la oposición. Es la escena final de esta mala década en hora menguada para el país.
Y es que, de aquí y hasta octubre y más allá, la mesa está servida. Las fechas y lapsos del proceso electoral y los comicios, han quedado jurídica y legal mente establecidos. Si el presidente mantiene su candidatura y llegare a fallecer antes de cumplirse e incluso una vez cumplido el lapso de inscripción de candidaturas, sencilla y llanamente, en el PSUV tendrán que disponer la inscripción del sustituto. Jurisprudencia en esa materia existe en Venezuela a raíz de la enfermedad de Diógenes Escalante, el famoso “Pasajero de Truman” de Suniaga. El proceso electoral ha de continuar sin interferencias ya que por otra parte, corresponderá al Vicepresidente asumir las funciones ante la falta definitiva de aquel y mantener la continuidad constitucional, la misma que alegan fue rota el 11 de abril por lo que su propio discurso de estos días, resulta obligante ante el cumplimiento de la letra fundamental de nuestra soberanía y nacionalidad. Si ocurriese que el presidente mantiene la  candidatura y resulta ganador, solo existe una posibilidad de evitar un nuevo llamado a elecciones, que el tácito y anunciado fallecimiento ocurra después de enero del 2016, lo que ante las informaciones que circulan en la red, parece una fecha muy, muy lejana, casi que inalcanzable. Por tanto, cabe suponer que el ya cambiante cuadro político nacional que llevara al PSUV a la oposición política corresponde a una expresión estadística en la que las tendencias son irreversibles.
En consecuencia y como conclusión, todos los caminos conducen a Roma. Si como tanto se ha afirmado todos estos días y, por estas fechas, desde hace diez años con repetición continua del mismo guión mediático, todo 11 de abril tiene su 13, cabe sentenciar que el paso del tiempo tal como lo conocemos en la cultura cronológica de occidente, nos trae posteriormente el mes de octubre, con lo que aquellas dos fechas terminaran siendo superadas en el tiempo por el próximo 7 de octubre: Inicio de la gran reconciliación ciudadana y recuperación de nuestra, hoy empeñada, soberanía nacional.