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Farmacéutico. Profesor Titular en la UDO. Consultor y Asesor de Empresas en el sector privado; organizaciones gubernamentales en el sector público y persinas naturales. Estudios de especialidad, maestria y doctorado. Gerencia de ciencia y tecnología; planificacion financiera; planificación de la educación superior; gerencia de organizaciones; gerencia política y gobernabilidad. Pensamiento complejo. Historia de Venezuela. Docente investigador de Postgrado. Trainer Coach. Locutor certificado por la UCV.

viernes, 3 de diciembre de 2010

El tuma y otras costumbres indígenas

 Con mi agradecimiento por su revisión,  para la publicación,  a la Profesora Estílita Delvalle Campos Barreto, quien comparte y respeta a los primigenios habitantes de nuestro país, haciendo de de ello un apostolado de vida al igual que su padre el "Maestro" Freddy Campos.

Un tema de discusión, por lo fundamental y particular de su contenido para el hombre, ha devenido alrededor de la idea y el concepto de cultura. Tal vez aún persiste transformada progresivamente en una cuestión de tono menor ante tantos problemas como los que hoy confronta la humanidad. La cultura no es un tema sencillo, ni fácil. Tal vez sea uno de esos pocos temas cuya episteme pudiera disociarse de sus coordenadas históricas de tiempo y espacio concentrándose en la esencia de cada ser humano para y desde él proyectarse al colectivo, no en términos de demostración cognitiva sino como expresión del ser que finalmente nos envuelve a todos y donde nada no es propio y nada nos resulta ajeno.

En ello se encuentra sumergido el contenido de estas notas, de las cuales pretendemos emerja una mejor comprensión de la herencia cultural que nos han legado nuestros ancestros. Una muestra de nuestras querencias culturales puede observarse en muchas de las expresiones que enriquecen nuestra sabiduría popular, de la cuales tomaremos solo tres para vida propia a esta primera reflexión. “Están comiendo los dos en el mismo plato”, es un decir de nuestra cultura para señalar que dos personas, no necesariamente emparejadas, se encuentran en una profunda y compartida situación de amor o amistad (otra manera de amar). “Donde comen dos comen tres” pudiera tomarse como una ampliación de la anterior. Sin embargo esta referida al hecho de que el alimento existente en un momento cualquiera y, establecida su distribución previa entre una cantidad determinada de personas, bien puede ver reducida la porción correspondiente a cada quien si repentinamente aparece alguien que no era parte del reparto inicial. A esta, hay que anteponer el distanciamiento, tal vez, no existente en la primera referencia que hemos realizado, la cual corresponde al “juntos pero no revueltos”, para significar que aun cuando se pueda estar en alguna de las dos situaciones anteriores, hay distancia por medio y el compartir no se traduce literalmente en entrega al otro.

Pero, más allá de estas, digamos, formas de interacción social, existe una en la que, colocada una vianda central para recibirlos a todos, cada quien toma un trozo de casabe y lo moja en el caldoso líquido que hace los honores a todo aquel que desea compartir de tal manera que nada, en aquel condumio es de nadie, como tampoco en el resto de las actividades que se cumplen en la comunidad, y todo es de todos, por tanto se trata de una situación muy peculiar en la que todos comparten una de los bienes materiales más sagrados al hombre: El alimento. Esta costumbre ancestral tiene lugar en nuestras comunidades indígenas, particularmente en la región de La Gran Sabana. Se trata del  tuma de nuestros aborígenes. Es su plato principal, infaltable a la hora de la comida en comunidad, bien sea parte de ella, sea invitado o llegue usted al momento de servir y degustar el condumio.

El tuma es una preparación líquida a base de ají y abrosa, esta última una hoja comestible. Este plato puede ser preparado con base en pescado, de venado, de pollo, merupa, una especie de bachaco, y por último, un ingrediente que también es utilizado, el  bachaco culón. Lo importante e interesante de esta tradición cultural del pueblo pemon, es que se trata de su compartir. Es el darse a los demás agasajándolos y obsequiándoles, de manera que todos comen de un mismo plato en el que, libre Dios, se cometa la indiscreción de introducir nuevamente en la olla de barro contentiva del caldo, la pieza de cazabe que usted ya había bañado en el líquido y llevó a su boca. Debe comer el resto del trozo de cazabe completamente y en seco. Después, obvio, puede repetir la acción. La olla a la que hacemos referencia recibe el nombre de “inö o öinnö en el idioma taurepan, que significa olla de barro.

Otras costumbres, tan interesantes como la anterior, cuando se trata de interpretar la idiosincrasia indígena de esta zona, tiene que ver con el reparo de las tareas en cuanto al trabajo. Esta es una cuestión que por ignorancia lleva al establecimiento de ideas erradas en la población no indígena, con respecto al comportamiento de aquellos. Así se tiene que el hombre no coloca carga alguna sobre sus hombros mientras esta actividad corresponde a la mujer. Esta es una circunstancia cultural que, analizada desde la perspectiva del comportamiento, más que del hombre, del moderno caballero de occidente, es vista con desdén, acusando al hombre indígena de “flojo”, lo cual no es. Se trata de que, en la distribución del trabajo, a la mujer corresponde esta acción mientras el hombre avanza delante con las herramientas necesarias para abrir camino y atender la defensa de la mujer y los hijos en caso de cualquier ataque. Ataques que en medio de su habitat, por lo general provienen de animales.

La mujer indígena, en este escenario cultural, tiene asignadas otras responsabilidades como atender la siembra en el conuco y elaborar el cazabe mientras el hombre tiene a su cargo las tareas de caza y pesca, así como la fabricación de la cestería. Incluso, estas son artes en las que el hombre ha de ser diestro para obtener el beneficio de la entrega a su cargo de la mujer que pretende desposar, por cuanto a si será y es exigido por el padre de ella. En materia de idiomas, en la zona de La Gran sabana, asiento de comunidades cuyo origen primigenio es pemon, se comunican mediante el uso de fundamental de tres lenguas que en términos generales, integran el idioma pemon, a saber: Taurepan, kamaracoto (De uso exclusivo en la comunidad de Kamarata) y arecuna. El idioma pemon se caracteriza por disponer u número de vocales superior al castellano, amén de no poseer las consonantes castizas “be” (b) y “ce” (c), por lo que su cartilla de primeras letras en proceso de desarrollo escrito recibe el nombre de achedario y no abecedario como el nuestro. Pemon es una palabra del idioma taurepan y significa “hombre de la tribu”.

Este es apenas un sucinto esbozo de la riqueza encerrada en la cultura de nuestros ancestros, etnias que a lo largo destiempo han mantenido la pureza de sus castas, una consecuencia de la ausencia de mezclas que si han acompañado al resto de los no indígenas venezolanos quienes entre otras, son categorizados como “criollos”, “mestizos”, “mulatos” y pare usted de contar, sin dejar de lado la actitud de cierto menosprecio en el que pudiera caerse como consecuencia de ser el país en el que habitan las mujeres más hermosas del mundo, cuando muy particularmente en la Guayana venezolana y nuestras etnias originarias tenemos una importante reserva humana cuya belleza y cultura han de observados y analizados en el contexto de su realidad, para interpretar de manera clara y disponer con ellos la integración intercultural que constituye la esencia ancestral del pueblo venezolano.



Santa Elena de Uairén 2 de diciembre de 2010