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Farmacéutico. Profesor Titular en la UDO. Consultor y Asesor de Empresas en el sector privado; organizaciones gubernamentales en el sector público y persinas naturales. Estudios de especialidad, maestria y doctorado. Gerencia de ciencia y tecnología; planificacion financiera; planificación de la educación superior; gerencia de organizaciones; gerencia política y gobernabilidad. Pensamiento complejo. Historia de Venezuela. Docente investigador de Postgrado. Coach con Certificación Internacional de CIC. Locutor certificado por la UCV.

martes, 17 de mayo de 2011

(IV): Gastronomía, cocina, tiempos y caminos…

Buscando los sabores de mi madre (I)

Vista desde la óptica platoniana, la realidad aparece ante nosotros como reflejo fenomenológico de lo que esencialmente ella es. Al contrario de la realidad en cuanto a los hechos, en el caso platónico hemos de asumirla desde la elaboración de nuestras percepciones sensoriales en el contexto individual de la base instrumental que en lo cognitivo, emocional y espiritual posee cada quien. Visto así, la muerte no existe más que en cuanto a la desaparición del soporte material que sostiene y otorga la vida en el marco de nuestras existencias. Desde esta elaboración filosófica, la trascendencia humana de la temporalidad existencial, se corresponde con la permanencia fenomenológica de quien ya no está físicamente entre nosotros. Mientras haya alguien que en algún rincón de la vida y en cualquier momento le piense, le recuerde, los que hoy no están, continúan viviendo.

Tal vez desde esa postura ante la vida, recuerdo a mi madre y la veo en sus faenas de casa, particularmente en una actividad que grandes satisfacciones le producía: Cocinar. Sí, mi madre es una gran cocinera, con una destreza empírica para dar sazón al condumio que sus ,anos elaboran. Nacida en Casanay, hoy capital del Municipio Autónomo Andrés Eloy Blanco en el estado Sucre, mi madre disfrutaba el arte de su cocina y la tranquilidad de la poesía. Vale apuntar que la vena erótica instalada en mi sangre deviene de la escucha de aquellos poemas prohibidos que, en uno que otro momento de la escondida soledad a mis once o doce años, escuchaba mientras por momentos era yo el único habitante de casa. Por esas y otras tantas razones, para mí, mi madre vive.

Hoy su presencia se hace más nítida ante mí, cuando mediante el método de aciertos y errores pretendo alcanzar los sabores que su exquisita cocina dejo en el saciado apetito de mi infancia, de mi juventud y de parte de mi edad adulta. Memorables son aquellas días en los que, sentada sobre un banco de sastrería cuya altura estaba por debajo de sus rodillas, llevaba a mi boca, bocado tras bocado el condumio del momento y el día, bien fuesen aquellas arepas blancas, redondas, anchas, con las marcas que la rejilla del anafre dejaba sobre la crujiente concha, envoltorio de una masa suave y perfectamente trabajada. Mezclada con huevos de reciente fritura en yemas amarillas como el color de los soles en verano y la ralladura de queso blanco, todo amalgamado en las falanges de su diestra mano que amorosamente daba satisfacción a mis apetitos infantiles en el desayuno o la cena, cuando el sol se perdía en el ocaso de su viaje al oeste para esconderse de la luna.

Aquellos otros desayunos y el ritual de domingo en la mañana, traídos del contacto con otras culturas en las que el trigo, la leche y los huevos derivaban en panquecas similares a las que la publicidad nos refería de una Señora nombrada Betty Croquer. Eran tiempos de la leche en polvo Denia en sus latas amarillas y verdes al igual que Reina del Campo en sus envases azules. Mamá calentaba la leche recién hecha e inmediatamente la aireaba traspasándola de una olla a otra y dejando que al aire la penetrara para hacer brotar la espuma que, tibia, o mezclada con el café negro que apenas dejaba el colador después de haber impregnado toda la casa con su sabroso y estimulante aroma, hacia nuestras delicias en el primer y único café con leche del día, en aquellos tiempos.

Qué decir de sus exquisitas refritas. Las hacíamos brillar al colocar mantequilla sobre la superficie que sus formas exhibían, en mi caso, las endulzaba con un poco de azúcar y recordaba que en algún momento de esa semana, habían formado parte del almuerzo en el que los “tropezones” de plátano suplantaban el subproducto refinado de la caña para darle el dulce sabor a la usanza de los caraqueños. Inmejorables las arepa dulces. Masa de maíz pilado, semillas de anís dulce, aguamiel o guarapo de papelón para amasar y endulzarlas. Luego de darles forma, las freía en aceite muy caliente, se abombaban de manera inmensa y al llegar a la mesa veíamos lo como lo delgado y casi imperceptible de aquella “piel” que las cubría, se había arrugado, dejando el cuenco de un nido en el que colocar el queso rallado, al igual que las estrellas de Nazoa (2005: 451 – 4539) cuando aquel poeta muerto de hambre, dedicó una rima al hambre de su amada. Creo que el secreto de aquellas arepas está en agregar a la mezcla primigenia un poco de harina de trigo. Por ahí andan las cosas y sigo probando en el camino de reencontrarme con los sabores de mi madre. Quién sabe, tal vez un día nos encontremos y me diga como lograrlo…



Referencia bibliográfica:

Nazoa A. (2005). Humor y amor. Panapo. Caracas. En este referente bibliográfico, hay un poema titulado: Nocturno del poeta y la arepa, en el que, imposibilitado de conseguir una arepa para saciar el hambre de su amada en una noche de luna llena, el bardo termina ofreciéndosela cual gran arepa, y toma las estrellas como parte de un gran plato de queso rallado esparcido bajo el cielo.

domingo, 15 de mayo de 2011

(II): Gastronomía, cocina, tiempos y caminos…

Dos conceptos básicos: Cocinero y chef

Una, entre otras de las tantas características que en mi entender y opinión, heredo y aún mantiene incólume en su comportamiento la sociedad venezolana como parte de nuestro acervo cultural, lo constituyen el respeto y la deferencia que aplica, como parte de la ignorancia socialmente difundida y existente en cuanto al tema, refiere la asignación de títulos q quien no los posee, por el solo y único hecho de haber accedido al tercer nivel de la educación formal.

Es así que todo egresado de la universidad y, hoy incluso, del tecnológico y el instituto universitario, recibe el trato de doctor. Obviamente, una buena parte de la población desconoce que para alcanzar la calificación de doctor se hace necesario e indispensable, en primer lugar egresar de una carrera universitaria a nivel de licenciatura o su equivalente, lo cual capacita al individuo para el ejercicio de tareas asociadas a un quehacer profesional y laboral normativamente establecido y jurídicamente determinado.

Luego, ese egresado, ha de continuar estudios para obtener su titulación a nivel de Magister o Maestría que lo capacita para realizar investigación fiable y confiable y que, posteriormente, habrá de concluir estudios formales que lo conducen al titulo genérico de doctor ó, de manera moderna y mucho más específica al estilo de las universidades americanas, el Philosophus Doctor (PhD). Esto es, doctor en filosofía, que a final de cuentas, es la base sobre la cual discernimos los doctorantes y doctores para mantener el conocimiento en circulación y dar las explicaciones que a ese nivel demandan la sociedad y sus problemas.

En el caso de las artes culinarias y sus prácticas, el despliegue gastronómico de los mass media ha hecho de las suyas adosando a quienes las tienen como oficio y profesión, calificativos que no les van. Tanto en uno como en otro caso, se trata de asumir posturas y conductas honestas. Cuando se parte desde allí, es posible establecer relaciones entre lo que quien trabaja los productos alimenticios puede ofrecernos y lo que finalmente nos ofrece desde su cocina.

Todo trabajador de la cocina, cuya actividad implica la transformación de productos naturales en formulas y formas alimentarias se dedica a un arte, arte que puede disponer del adiestramiento formal para alcanzar la correspondiente titulación, la que finalmente deviene en la calificación de cocinero. Digamos que ese es el titulo de pregrado equivalente a la licenciatura en cualquier otra profesión. Sin embargo, todos desean más que aspirar, a ser asumidos y considerados como chef cuando ello corresponde al desempeño de un rol en la estructura funcional de la cocina. Y he aquí que, el ser cocinero es lo verdaderamente sustantivo de la actividad culinaria. Obvio, para alcanzar la categoría de chef en un restaurante, en primer lugar se han de conocer las artes y técnicas de la cocina. Se trata de una condición necesaria pero no suficiente para ejercer como chef, cargo en el que la creatividad y vena artística del cocinero alcanza sus más elevadas notas en la revisión, preparación y reinterpretación diaria del menú: Alma de toda restauración que se precie de tal.

Obvio, reconocemos como chef a quienes al menos una vez en su vida han detentado tal cargo. Empero, por encima de ello, para quienes aprecian y disfrutan de la buena mesa en cuanto preparación, presentación y gusto de lo comido y bebido, de la alegría de la sobremesa y los “platos con memoria” como apunta Soria (2009: 15), la figura del cocinero es fundamental. Por esa razón, como quedó acuñado en mi memoria de alumno de farmacia en las clases de fisiología que recibía del “Dr.” Alfredo Planchart en la UCV y que narrare en ocasión futura: “En Venezuela, lo importante no es el sabor sino llamarse Pepsi…”. De esa manera nuestro “maestro” aludía a lo que comparativamente pudiésemos señalar en cuanto a las artes culinarias. Todos quieren autodenominarse como chef, no importa cual sea el sabor, gusto diríamos en este caso, de su oferta.


Bismarck Ortiz Rondón
3627220
Ciudad Bolívar 10 de abril de 2011


Bibliografia citada:
Soria A. (2009). Bitacora para sibaritas. Alfa. Caracas.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Desde Guayana. Un grito por la descentralización política

EL CONTEXTO GLOBAL

La dinámica de la realidad política nacional se inscribe en un contexto que, a dieciséis o veinte meses de las probables fechas para la realización de los próximos comicios en los que habrán de elegirse nuevas autoridades estatales, estadales y municipales, no se tiene certidumbre en cuanto a que la línea que dibuja los cambios de un escenario a otro, hubiere abierto la inflexión conducente a la superación de la realidad actual, aún cuando los informes sobre el comportamiento de la opinión pública evidencien indicios de ello.

En el plano internacional, las actuaciones del actual gobierno venezolano ponen en entredicho el temple político de nuestro Estado – Nación, dadas las posiciones asumidas ante los hechos que se han venido sucediendo en los continentes africanos y asiático. El mundo global ha decidido apostar al reclamo abierto de sus deseos de progreso y bienestar en un ambiente de paz, signado por la libertad y la democracia como elementos inmanentes a la vida cotidiana. La juventud del mundo expresa sus deseos de participación activa en la construcción de su propio destino. Protagonismo y participación de las multitudes son banderas que, desde la medianía del siglo pasado vienen asociados a la evolución de los cambios tecnológicos en tanto expresión evolutiva hacia nuevos estadios de la humanidad.

En un contexto más cercano, tal es el caso de la política latinoamericana, el escenario general se encuentra abierto a la participación democrática, oscilando desde los extremos del militarismo continuista y hasta la denominada izquierda progresista. Entre ambos se ponen en evidencia situaciones particulares como el debilitamiento de la unidad democrática, en países donde este frente de lucha logro imponerse y motivar pueblos para superar los designios dictatoriales venidos de las filas militares y, otros, en los que los principios verdaderamente democráticos de personalidades que encarnan la realidad desde una perspectiva profundamente humanista y solidaria, han dado apertura en sus países a la superación de las necesidades apremiantes del colectivo social en el ámbito de lo que pudiera ser denominado metaliberalismo, suerte de liberalismo de avanzada en el que lo político y lo económico están al servicio del avance nacional intranacional en beneficio de la sociedad y cultura del hombre, el pueblo y la humanidad.

Sin embargo, hay situaciones en los que, la miopía de la dirigencia política, ha dejado al pueblo inerme, ante la incertidumbre de elegir como posibilidad de reemplazo político entre extremos que tienden a tocarse desde la perspectiva del reciente desarrollo histórico – político en sociedades que muestran logros encaminados a nuevos posicionamientos en el contexto del progreso, y el desarrollo. Allí, una dirigencia política carcomida en sus principios democráticos por el regreso al continuismo mesiánico, ha dejado abiertas las compuertas al regreso posible de militarismo y totalitarismo ante la ausencia de la necesaria unidad de los factores democráticos dada la pretendida imposición de liderazgos que habiendo perdido posicionamiento se negaron a la entrega del “testigo”, bien a la generación de relevo, bien al liderazgo emergente.

Pues bien, desde Guayana nos negamos a mantener el camino de esta última ruta. Desde Guayana levantamos nuestras voces para clamar por la libertad de la sociedad venezolana, la vida en democracia y la participación protagónica para la transformación de nuestra realidad, así como por la descentralización política como herramienta al servicio del progreso y desarrollo de nuestra región en todos los ámbitos de acción del hombre. Abogamos por que la definición de los liderazgos emergentes se realice al calor participativo de la multitud cuya mejor vía de expresión son las elecciones primarias. Al propiciar la participación de las bases para dirimir la conducción política y unitaria del país, del estado, del municipio, se otorga verdadero empoderamiento al pueblo, ese en nombre de quien todos hablan y que finalmente algunos ignoran de manera permanente.

EL PAÍS DE CARA A SU REALIDAD ACTUAL.

La Venezuela republicana tiene antecedentes de esa búsqueda con anterioridad a los prolegómenos temporales del siglo XIX. Ancla su despegue en 1830 al calor de su primera constitución, cuando aún no se había liberado totalmente del dominio colonial español. A la fecha, suma ciento ochenta y un años de vida al “amparo” de las leyes. Durante ese lapso de tiempo, la república ha sido gobernada por unos cuarenta presidentes, asumiendo la repetición de ejercicios presidenciales. De ellos, veintitrés, (57,5 %) han sido militares y diecisiete, (42,5 %) funcionarios civiles. En términos cronológicos, de esos ciento ochenta y un años, en el 72,22 %, su conducción ha estado bajo el mandato militar mientras que, durante el restante 27,77 % de ese lapso, la conducción ha correspondido a los civiles. Sin embargo, el balance final es claro, los mayores logros y avances en la construcción de ciudadanía, evolución humana y tránsito hacia la modernización han ocurrido bajo la égida civilizatoria del mandato liberal y democrático devenido del mundo civil.

La realidad anteriormente reflejada se encuentra con los albores del siglo XXI en el decurso de una conducción política que ha propiciado el desmantelamiento del país y sus más ingentes conquistas. Nadie niega que en medio de la vorágine democrática que lo envolvió a partir de 1958, los partidos perdieron su norte político y se hicieron con el control de los más inimaginables espacios de la vida nacional en un situación de franco deterioro participativo de la hoy denominada “sociedad civil”. Pero, si aquel deterioro fue importante, cual polvo ha traído estos lodos. En la actualidad, el deterioro de la vida nacional en todos sus órdenes es más que evidente. Para evidenciarlo, solo cabe tomar una muestra de cualquier sector de la actividad humana en los espacios del actual Estado Venezolano para estar en cuenta de nuestra depauperación política, económica, social y cultural.

A decir de los más variados análisis en tópicos diversos de la realidad nacional, se concluye que, como colectivo social hemos retrocedido en todos los órdenes. Es evidente la degradación moral del ejercicio del gobierno y el poder. La corrupción se ha instalado como parte de ética gubernamental. La desidia respecto a la atención de los grandes y pequeños problemas del país, es el indicador sobre el cual descansa la permanencia de los funcionarios gubernamentales en sus cargos. Ineficacia, ineficiencia, improductividad son signos aberrantes de lo que no es un buen gobierno. La gobernabilidad, en tanto derivación de la gerencia política para la atención y superación de las necesidades poblacionales, no existe en el ámbito del denominado “oficialismo”. Ni siquiera es posible otear, señalar y apuntalar en términos genéricos, la excepción que confirme la regla.

Mal estado y funcionamiento de los servicios públicos y necesarios a lo más elemental de la vida humana como acceso a la canasta alimentaria; procura de vivienda; servicios clínico – asistenciales de atención oportuna y mínimas condiciones de funcionamiento; educación de calidad y verdaderamente formadora para la vida; empleo digno y bien remunerado; seguridad jurídica, personal y de los bienes, son cuestiones básicas que hoy reclaman los habitantes del país. Esa es la realidad de nuestras condiciones actuales. Realidad sobre la cual es necesario mantener disponibilidad de superación, construyendo a diario las posibilidades de su transformación. Una transformación que tiene como punto de partida, la transformación de nuestra forma de encarar los problemas en el contexto de la postmodernidad y lo complejo, lo cual implica, por parte de la dirigencia política del Estado, trascender los agotados esquemas y viejas formas de entender lo político y ejercer la política, para encauzar al país por derroteros en los que la inclusión y la participación constituyan la base del protagonismo del individuo inmerso en el colectivo, para que todos puedan podamos participar en la construcción de un nuevo y verdadero país de avanzada.

En el marco de ese diagnóstico, esperamos el año 2012 como el hito temporal posible en el que podamos modificar, cambiar y transformar esa realidad. Hasta ahora, a nivel de las precandidaturas para disputar la representación unitaria de los venezolanos que clamamos por ello, encontramos que las precandidaturas que despuntan en el favoritismo electoral de la población, no pertenecen a ninguno de los tres o cuatro grandes o tradicionales partidos que dominaron la escena política nacional desde 1958. Eso representa una situación de cambio que, en este caso, se levanta desde la maduración política de la población que participa y sume su responsabilidad en la construcción del país deseado, abriendo causes a elementos que transforman la realidad prevalente desde los albores de la gesta democrática. Los valores políticos de este amplio sector de la población han cambiado.

El cambio en la tipología de los valores políticos de la población, esa que se niega a la entrega del país y sus libertades, implica también un cambio en sus percepciones de lo político y de la política. Si bien observa y acepta que lo político continua siendo la base para la vida en el marco de la convivencia social y superación de las diferencias, observa, aprecia y demanda cambios en la forma del hacer política. Una cuestión que involucra, no exclusivamente paro si, fundamentalmente a los partidos políticos. El país políticamente maduro, un país que resulta numéricamente importante, cuyos principios se han consolidado al calor de la libertad para elegir y decidir su destino, ganado para la participación,, dispuesto al trabajo creador y la superación de obstáculos y adversidades, es también un país contrario a las imposiciones. No solo las que provienen de un gobierno de corte militarista y neototalitario como el actual, sino de las directrices estalinistas y los acuerdos de “cogollos” partidistas que, tomándolos como borregos, pretenden llevarlos por senderos que habiendo sido trajinados en tiempos pretéritos, fueron y han sido en gran parte responsables de haber llegado a este punto en el que los lodos, avanzan en el evidente deslave nacional actual. A voz de cuello y desde Guayana gritamos NO, a las viejas formas de actuación política.

EL ESTADO BOLÍVAR Y LA UNIDAD

En el caso particular del estado Bolívar, negamos la vía del consenso como instrumento para la construcción de cualquier candidatura unitaria. Menos aún si se pretende fraguarla desde la cúpula de los partidos y mucho menos si las consideraciones para tales fines, se encuentran ausentes de la realidad del estado Bolívar y están signados, más por la comparecencia y el “neoamiguismo” mediático, que sobre el verdadero y mayoritario sentir guayanés. A ese respecto ya nos hemos manifestado y hecho público nuestro pronunciamiento. El documento “Unidad por la base. Primarias para la Gobernación”, así lo recoge y su presentación a la opinión pública fue motivo de uno de los actos políticos más importantes que se hayan producido recientemente en nuestro estado.

Hoy, los resultados de la confrontación fratricida derivada de la falta de acuerdos sustentados por la base y los consensos cupulares, se encuentran reflejados en la data electoral correspondiente al estado Bolívar en los dos últimos procesos: Elecciones regionales en 2008 y elecciones para cargos legislativos en 2010. La situación es clarísima: Guayana adolece de un verdadero liderazgo, que superando la proyección de lo mediático, se inserte profundamente en las raíces de esta tierra de gracia.

En el contexto de todo cuanto queda señalado en este documento, lo consideramos expresión de las mayorías que hacen vida en la sociedad guayanesa. El resultado de los acercamientos y encuentros sostenidos con diferentes sectores de la vida regional y sus habitantes, lo hacen igualmente expresión de una multitud ansiosa de cambios fundamentales en la conducción del país.

Hacer verdaderamente nítida la línea de inflexión que separa la prolongación del actual estado de cosas que impera en la realidad política, económica, social y cultural del país, abriendo camino a las rutas que conducen a la mayor suma de felicidad posible en medio de un ambiente cada vez más elevado en cuanto condiciones y calidad de vida de la población, haciéndonos en la construcción de un país que leva anclas al siglo XXI para posicionarse como la cuna de las libertades en este lado del mundo, es responsabilidad de todos pero muy particularmente de que la dirigencia emergente del país, este convencida de su rol en procura del deslinde definitivo hacia ese nuevo y verdadero país. Desde Guayana abogamos por ello. Nosotros asumimos nuestro compromiso, cada quien asuma el suyo….


Ciudad Bolívar 8 de mayo de 2011

viernes, 15 de abril de 2011

(I): Gastronomía, cocina,                               
tiempos y caminos…

Introito referencial

Al asumir la necesidad de reflexionar acerca de la gastronomía y la cocina,  observándolas como base del desarrollo cultural del hombre y la sociedad, pienso en primer lugar en aquel hombre referido por Engels[1] (2004: 8 - 10), que se cobijaba en la fronda de un árbol que había logrado conceptualizar como asiento de su habitat. Asumo que, en cuanto a su desarrollo y posterior evolución, la gastronomía antecedió a la cocina ya que, en algún momento de su existencia, aquel hombre ha debido probar y degustar, aun sin noción consciente de ello, algún manjar que pudo haberle apetecido ante la necesidad de saciar el hambre aun en su condición de vegetariano o carnívoro.

La cocina vino después. Una vez que el hombre descubrió el fuego y luego de asumir que mediante su uso, primero aplicándolo directamente sobre los productos que habría de ingerir para saciar el hambre y la sed, luego de manera consciente, sabiendo que al usarlo con fines alimentarios, los transformaba de tal manera que le resultaban más apetecibles en cuanto al estimulo de sus capacidades organolépticas, degustación y consecuencias para la salud.

Llegados a los tiempos que vivimos la cuestión alimentaria, gastronómica y de cocina toma características muy particulares. Hoy, el avance de la ciencia y la tecnología, el desarrollo de los medios radioeléctricos y electrónicos para la transmisión de datos e información en la sociedad del conocimiento y, los múltiples deseos humanos de dar satisfacción a sus necesidades, desde las básicas e insustituibles hasta las menos indispensable e inscritas solo en las conductas del consumismo actual de acuerdo a la presentación teórica que de las mismas nos hiciera Maslow (1943), han hecho que el acto de alimentarse adquiera connotaciones que van más allá de lo estrictamente animal para establecer nuevas formas al quehacer alrededor de la buena mesa, mejor degustación e inolvidables encuentros  en el decurso del yantar cotidiano.

Al hablar de gastronomía y cocina e intentar relacionarlas como lo intentamos,  desde los supuestos teorizantes de Engels y Maslow asociándolos a tiempos y espacios, asumimos la tarea de cocinar, preparar, presentar y degustar preparaciones alimentarias no solo desde la actividad culinaria y sus diferentes facetas en el contexto de la mesa familiar o de restauración, sino en un contexto mucho más amplio en lo extensivo, el espacio y mucho más profundo en su intensidad, la temporalidad del presente. Un todo alimentario con deseos de integrarlo mediante la complejización de sus problemas desde la perspectiva de la historia en un país: Venezuela; en una región: El sur del país; en un tiempo: Desde la población de Guayana hasta nuestros días.

No se trata de la recopilación de productos y recetas, de las técnicas de cocina y degustación; del establecimiento de las influencias recibidas en el encuentro intercultural durante la Colonia y tiempos posteriores hasta hoy, sino de hurgar y encontrar referentes de nuestra cultura que, desde la satisfacción del hambre para la sobrevivencia nos lleven al establecimiento de las bases que dieron y han dado lugar a la cocina guayanesa, la tradicional, la que no ha de relegarse al olvido y correr el riesgo de perderla superada por la creciente dinámica del fast food ó abandonada en aras de la new coussine francesa y los cocineros que desairan lo auténticamente nuestro para ir tras el bastión tecnológico abierto en las artes culinarias por Ferrán Adria y sus seguidores así como los émulos de la nueva cocina y gastronomía planetaria en la fashion restauración.

Finalizo esta breve reláfica apuntando que, en materia de gastronomía y cocina como en todo trabajo cuyo marco lo deja incluido en las lides del arte, la creatividad y espectacularidad de la obra dependen del genio, el autor; en los más de los casos, aquellos cuya imaginación deviene en limitaciones asumidas por un mayor desarrollo del lado derecho del cerebro, en el que se almacenan y corresponde a las virtudes de lo natural, concreto, inteligible y demostrable y que, entre ambos extremos, existe cabida para todos aquellos que desde el siempre de cada una de nuestras existencias, hemos considerado que alimentarse es más que cocinar y que, en todo acto culinario hay y debe haber a condición de considerarse arte y ciencia, un ingrediente primordial sin el que, aun los mejores productos no darán satisfacción al más exigente y diestro de los paladares: Amor.

La actividad culinaria, sin el amor que el acto de la cocina, sus fuegos y sartenes siente, trasmite y expresa así como las satisfacciones teleológicas que de su ejecución resultan y expresan en el condumio, no tiene mayor satisfacción de parte de los comensales hacia el cocinero, que aquella en la vianda regresa vacía y el éxito de la misma queda retenido en la satisfacción que refleja el rostro del viandante… y su regreso alegre y ansiado a nuestra mesa.

Bibliografía citada:
Engels F (2004). El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Panamericana. Bogotá.

Boeree G. C. (2006). Abraham Maslow 1908 – 1970. Biography. [Documento en línea]  Disponible en Personalite theories. Portal Web en: http://webspace.ship.edu/cgboer/maslow.html Consulta realizada el 10 de abril de 2011
 
Bismarck Ortiz Rondón
3627220
Ciudad Bolívar 10 de abril de 2011


[1] Engels considera tres períodos en el desarrollo y evolución inicial del hombre. Coincidencialmente, los tres son asociados por el autor al tema alimentario, a partir de las frutas y raíces en el estadio inferior, que también llama infancia de la humanidad; pescado, mariscos y otros animales haciendo uso del fuego en el estadio medio y, la invención del arco y la flecha y su uso para la provisión de alimentos mediante la actividades de caza en el estadio superior.

martes, 25 de enero de 2011

Taller Legislación universitaria

Udistas  inician Taller
Legislación universitaria
“La universidad Venezolana: Entre lo necesario y lo posible”, es el Taller de Trabajo que inician hoy a las 2 de la a tarde los miembros de la comunidad universitaria y autoridades del Núcleo Bolívar de la Universidad de Oriente, como parte de las actividades  organizadas para promover una nueva Ley de Universidades cònsona con los nuevos tiempos y las exigencias del país.
Así lo informó el profesor Bismarck Ortiz, quien tiene la responsabilidad de la organización, explicando que “Las deliberaciones se realizaran en mesas de trabajo hoy Miércoles 26 y el venidero sábado, donde se harán reflexiones académicas, administrativa y gremial sobre lo que debe ser la nueva legislación para el sector universitario.
“Del taller saldrán conclusiones para elaborar la propuesta del Núcleo Bolívar en cuanto a la formulación de los nuevos instrumentos jurídicos políticos que han de regular y controlar las actividades de la educación superior y el subsistema de organizaciones universitarias en el contexto constitucional de la autonomía, la libertad académica y el co-gobierno, hacia la construcción de la universidad venezolana en el siglo XXI”, dijo Ortiz.
“Se espera la participación de todos los gremios y sectores que hacen vida en el Núcleo (APUDO, ASPUDO, SOUDO, ASEUDO, FCU, Asociación de Jubilados) y que el documento resultante exprese la opinión general de la comunidad universitaria del Núcleo Bolívar de la Universidad de Oriente, en relación a principios y valores, así como de aquellas normas que por su trascendencia para el desarrollo de la universidad venezolana en general y de nuestra universidad en particular, constituyen elementos o factores de interés fundamental para su vida académica, administrativa y gremial”, finalizó al reiterar la invitación a la comunidad universitaria para que participe activamente en el debate.

viernes, 21 de enero de 2011

FORMACON DEL ESTADO VENEZOLANO EN EL SIGLO XIX: 1830 - 1899 (2)

FORMACION DEL ESTADO VENEZOLANO EN EL SIGLO XIX:

La confrontación cívico - militar: Un par de datos empíricos.

            De acuerdo con la cronología que establece Quintero (Ib.) respecto al cambio de actores en el escenario de la historia política venezolana y los ciclos por ella propuestos, desde la instauración formal y de hecho de la república en 1830 a partir de la nueva Constitución y el ascenso del General Páez a la presidencia de la misma, en los que establece los años de 1830, 1864, 1899 y 1945; a los cuales adicionamos como momentos de la historia nacional, tan significativos como los anteriores los años 1958, que marca el final de una dictadura militar en manos de un hombre profesionalmente formado para ello y no, con galones alcanzados en la refriega independentista ni en las montoneras caudillistas, y el año 1998 cuando otro militar, con formación igualmente académica para s desempeño con las armas de la república, accede al poder mediante el apoyo de la votación popular luego de haber comandado un fallido Golpe de Estado y haber purgado cárcel por ello.

            Al tomar en consideración estas fechas, se observa el afloramiento empírico de lo que pudiera ser tenido como cuatro ciclos que intentan la instauración de un nuevo sistema y régimen político y dos fases de transición. En nuestra pesquisa cronológica, los ubicamos de la manera siguiente: 1830 – 1864; 1864 – 1899; 1899 – 1945; 1945 – 1958; 1958 – 1998 y 1998 – 2010 con diferencias de importancia histórica en cuanto a una característica diferencial para los ciclos generales que abarcan desde 1830 hasta 1958 y luego, desde 1958 hasta 2010, la cual tomamos de Torres (2009). En el primero, de ciento veintiocho años, de los presidentes en ejercicio, solo cuatro fueron o han sido civiles mientras que dieciséis fueron, han sido o son militares, mientras en el segundo caso, de 11 presidencias, 9 correspondieron a civiles y solo dos a militares.


Tabla 1. Períodos analizados, presidencias ejercidas y carácter civil o militar de quienes las ejercieron.

Cronología
Porcentajes
Cronología
Porcentajes
Período histórico
1830 – 1958

1958 – 2010

Presidencias civiles
4
20,00
9
81,81
Presidencias militares
16
80,00
2
18,18
Número total de presidencias
20
20/31 = 64,51
11
11/31 = 35,48



Tabla 2. Períodos analizados, duración cronológica del período y distribución del número de años de ejercicio presidencial entre presidentes civiles y presidentes militares.

Cronología
Porcentajes
Cronología
Porcentajes
Período histórico
1830 – 1958

1958 – 2010

Número de años correspondientes a presidentes civiles
10
7,80
40
76,92
Número de años correspondientes a presidentes militares
118
92,18
12
23,07
Total de períodos anualizados
128
128/180 = 85,33
52
52/180 = 28,88



Tabla 3. Períodos analizados, duración cronológica del período y distribución del número de años de ejercicio presidencial entre presidentes civiles y presidentes militares.


Cronología
Porcentajes
Cronología
Porcentajes
Período histórico
1830 – 1935

1935 – 2010

Número de años correspondientes a presidentes civiles
6
6,18
31
41,33
Número de años correspondientes a presidentes militares
91
93,81
44
58,66
Total de períodos anualizados
97
99,99
75
99,99


Tabla 4. Período general 1830 – 2010. Cronología de los ejercicios presidencias en cuanto número y categoría civil o militar de los presidentes y años de ejercicio en el caso de unos y otros.

Período histórico
1830 / 2010
Porcentajes
Período histórico
1830 / 2010
Porcentajes
Número de presidentes civiles
13
41,93
Años de ejercicio presidencial por parte de civiles
50
27,77
Número de presidentes militares
18
58,06
Años d ejercicio presidencial por parte de militares
130
72,22
Número total de presidentes
31
100,00
Años totales del período
180
100,00


Tabla 5. Ejercicio de períodos presidenciales en Venezuela por parte de civiles y militares

Período
Civiles
Porcentaje
Militares
Porcentaje
Totales
1830 – 1935
4
21,05
15
78,94
19 (47,50)
1935 – 1958
3
33,33
6
66,66
9 (22,50)
1958 – 2010
10
83,33
2
16,66
12 (30,00)
Totales
17
42,50
23
57,50
40 (100,00)




Tabla 6. Ejercicio de períodos presidenciales en términos de tiempo anualizado

Período
Civiles
Porcentaje
Militares
Porcentaje
Totales
1830 – 1935
6
5,70
99
94,28
105 (58,33)
1935 – 1958
4
16,00
21
84,00
25 (13,88)
1958 – 2010
40
80,00
10
20,00
50 (27,77)
Totales
50
27,77
130
72,22
180 (100,00)

Como e aprecia, ha habido una prevalencia del mando de origen militar en cuanto al ejercicio del poder político en Venezuela. El resultado de todo ello es lo que tenemos y somos al día de hoy. No corresponde a este análisis plantear situaciones relacionadas con esta “anécdota empírica”. Sin embargo, y por encima de las diferentes hipótesis de Eduardo Galeano, Carlos Rangel y Apuleyo Mendoza y colaboradores, lo que somos y lo que tenemos no es ni ha sido consecuencia de otra cuestión, más que desde el hecho de haber tomado las decisiones que en cada momento de nuestra evolución histórica fueron asumidas.




miércoles, 19 de enero de 2011

FORMACON DEL ESTADO VENEZOLANO EN EL SIGLO XIX: 1830 - 1899 (1)

RESUMEN Y CRITICA AL TEXTO DE TOMAS STRAKA:
 “INSTAURACION DE LA REPUBLICA LIBERAL AUTOCRATICA.
Claves para su interpretación. 1830 – 1899”


 INTRODUCCION

            Como parte de la actividad académica comprendida en la Asignatura “Formación de Estado Venezolano durante el siglo XIX, años 1830 a 1899, en tanto componente de la Maestría en Historia de Venezuela, que a través de la estrategia del Programa de Estudios Avanzados, dicta la Universidad Católica Andrés Bello en su Extensión Ciudad Guayana, corresponde realizar un resumen del libro “Instauración de la República Liberal Autocrática. Claves para su interpretación”, del historiador venezolano Tomás Straka, a la vez que desarrollar el procedimiento crítico que cada uno de los participantes juzgue oportuno, desde su óptica individual del referido proceso histórico.
            En primer lugar ha de apuntarse que, en lo correspondiente a la forma, el libro es de fácil manejo dada la sencillez y características flexibles de su formato en cuanto tamaño, papel, tamaño tipográfico, encuadernado y peso, cualidad esta última que le hace asequible como fuente de lectura, en cualquier momento y lugar.
            El libro consta de 114 páginas y estructura su contenido de fondo en tres segmentos claramente definidos: El discurso del autor, inserto en las páginas 7 a 35; una copiosa bibliografía de referencia en cuanto las notas del autor, las cuales suman un total de sesenta y cinco, ubicadas entre las páginas 36 y 41. Finalmente, una sección antológica en la que se recogen nueve documentos trascendentes en el devenir del período histórico considerado, la cual abarca desde la página 43 hasta la 109.
            Ese es el entorno físico material del texto impreso cuyo análisis remitimos, el cual muestra en su carátula una imagen de la Plaza Guzmán Blanco en la Caracas de 1878, proveniente de una obra de Henrique Neun. Por su parte, la obra de Straka forma parte de la serie Cuadernos de la Historia Contemporánea de Venezuela, la cual se desarrolla bajo el asesoramiento de otro gran historiador venezolano como lo es el Dr. Germán Carrera Damas, serie que deriva de la experiencia del diplomado que bajo el mismo nombre fuera dictado durante el año 2009 por la Universidad Pedagógica experimental Libertador (UPEL), de la cual se hace eco con el patrocinio editorial  de los textos inherentes al mismo, la Fundación Rómulo Betancourt.


METODOLOGIA DE TRABAJO

           
Para cumplir con esta asignación, trabajaremos simultáneamente el resumen y la critica al texto en aquellos pasajes que juzguemos convenientes en cuanto la expresión de nuestra visión y posición ante determinados aspectos del texto. Las críticas son presentadas en color azul y letra inclinada, lo cual facilita su diferenciación respecto al texto principal y el correspondiente resumen. Obvio que, se trata de opiniones eminentemente personales que bien pueden ser apoyadas con argumentación historiográfica a la que en algún momento previo hemos tenido acceso, más para satisfacer nuestra sed de conocimiento en cuanto a la historia de nuestro país, que como expertos, lo cual no somos ya que recién hemos dado inicio al cultivo de la misma en el ámbito de la formación académica en esta área de conocimiento.


RESUMEN Y CRITICA

“UN SIGLO FUNDAMENTAL, A MODO DE INTRODUCCION”


            El inicio discursivo del texto de Straka, anuncia que “Durante un siglo, la historia venezolana fue la un anhelo incumplido: el de encontrar un orden para articularse con la modernidad capitalista” a la vez que un proceso de ensayos que permitiera el logro de ese objetivo. Esa es una cuestión que si bien no alcanzaron; por encima de los sacrificios, en casos inútilmente realizados, se fraguaron las bases valorativas que aún sostienen la viabilidad social del país, cuales son la nacionalidad, la libertad, la igualdad y los deseos de prosperidad. Más allá de Gómez y el ejercicio de su poder dictatorial durante veintisiete años que culminan en la temporalidad del primer tercio de siglo XX, lo que lleva a la expresión de Picón Salas en referencia a que Venezuela ingresa a este siglo con retraso, en el año 1935, a lo que debe agregarse que si bien ello fue temporalmente tardío, desde la perspectiva de lo cronológico y conceptual, se consolidaron en el imaginario colectivo, dos ideas fundamentales: democracia y prosperidad.
            El autor expresa que, su objetivo es “definir algunas claves – que aspiramos demostrar fundamentales – para la comprensión de la etapa.”, para luego agregar como tesis propia, que “se trata de un período susceptible de ser entendido con cierta unidad, más allá de las obvias diferencias que hallamos entre cada uno de sus momentos, si nos atenemos a problemas globales como los del funcionamiento del Estado … la configuración de la economía … relaciones sociales con las que se desarrollaron, y de las conexiones que mantuvieron con el mercado mundial; o los de la dinámica de su sociedad.”. Más adelante deja ver el alcance del trabajo presentado en tanto permita la “configuración de aquellas variables que se tradujeron en la instauración de una república liberal – autocrática, como punto medio – ¿liberal y a la vez autocrática? Entre el país de los grandes planes y el país que fue en la realidad.”.
            Asumimos las “claves” referentes del autor, como hechos trascendentes en la evolución del período, cuya correcta lectura histórica  e  interpretación hermenéutica en referencia con el contexto neotemporal conllevan a la comprensión del mismo. En cuanto a la unidad del período, asumo que el mismo, correspondiente a la concreción venezolana del Estado – Nación,  abarca el arco temporal comprendido entre los años 1830 con la aprobación de la tercera Constitución y la posterior elección del General José Antonio Páez como primer Presidente de Venezuela y el año 1935 con el fallecimiento del General Juan Vicente Gómez, último caudillo que en ejercicio de un férreo gobierno dictatorial, cerró el período que a decir de Straka, - cuestión que también comparto -, concluye la instauración del Estado ya referido.
            Ahora bien, lo que al autor señala como problemas globales, es cuestión que no comparto en tanto los mismos pudieran se asumidos como problemas de coyuntura y por tanto particulares en el contexto del verdadero “problema global”, cual es la formación del Estado – Nación, el cual existe en cuanto su fundamentación jurídica y formalización política por cuanto para el momento de su establecimiento formal en 1830, no se había conformado de manera firmemente establecida la territorialidad de Venezuela, apenas separada de lo que fue la Gran Colombia, por una parte, y por la otra, la creación del Estado – Nación representaba en aquellos momentos,  una situación de hecho por cuanto la independencia nacional no fue jurídicamente reconocida por España hasta el año 1846[1], cuestión que resulta importante a los efectos del reconocimiento que  implícitamente correspondería dar a los otros estados respecto a Venezuela y su nueva realidad, particularmente en el caso de los otros reinos europeos que hacían vida en esta parte del planeta.
            Para un acercamiento a las variables, cuya interacción culmina en la praxis de un liberalismo a la venezolana que conllevó a la Instauración de la República Liberal Autocrática, como variable en la que conceptualmente opera el contrasentido del liberalismo en abierta contradicción dialéctica con el soporte político que permite su establecimiento, cual es la autocracia “militar”, la operativizamos en cuanto los datos aportados por sus componentes: “El Proyecto”, en tanto contenido político que da soporte a lo habría de constituir la utopía de la república; “El País”, entidad sobre la cual habrían de imponérselos principios y valores del liberalismo; “Las tensiones sociales” que dieron lugar a  negociaciones que como parte de el proceso político de centralización facilitaron la instauración socio – política de aspectos críticos relativos a la implantación del proyecto y consolidación de la futura viabilidad del Estado – Nación y el “caudillismo” como eje de la  desarticulación que impide los avances hacia la concreción del Estado – Nación y  que,  una vez sometido y controlado, permite la evolución definitiva hacia el alcance de la paz y concreción operativa del Estado Liberal bajo la egida de la “manu militari”, que a lo largo de la historia patria primero, y de la historia nacional después, aparecerá bajo el manto de sus uniformes o, trasfondo tutorial de la civilidad, como “salvadora” del país[2].
EL PROYECTO


            A finales de 1829, persuadidos de que la escisión de la Gran Colombia era un hecho, Páez constituye la Sociedad de Amigos del País, entidad de la corona española que es entonces cuando se crea en Caracas. Reunida en Asamblea el 26 de noviembre en la Iglesia de San Francisco de esta misma ciudad, se declara la “separación del gobierno de Bogotá y desconocimiento de la autoridad del General Bolívar”. El 13 de enero de 1830, se convocan elecciones para la conformación de un congreso exclusivamente venezolano y distinto al de la capital grancolombiana. Se trataba de reconstituir la república, retomando la senda de 1811. Al estar en manos de una República independiente, habría que establecer un programa que permitiera orientar lo que finalmente la determinaría.
            Se trataba de formar en Venezuela, una república liberal. La elite dirigente Provenza de los patriotas que habían combatido durante la Guerra de Independencia, de una clase ilustrada constituida por abogados, comerciantes, políticos, profesores y “alguno que otro militar ilustrado”. Realizaron un diagnóstico de la situación en la que se evidenciaba una economía en ruinas al igual que las elites mantuanas, una sociedad sentida en la disminución cuantitativa de sus integrantes dadas las bajas ocurridas durante la guerra a la vez que las tensiones raciales existentes, factores ambos que trastocaron la estructura de poder interno mientras los pardos enriquecidos y los europeos recién avecinados ascendían socialmente. Una incontrolada situación de bandidaje, cimarroneras y guerrillas al servicio del mejor postor, tanto si se trataba de los patriotas como si que mejor correspondía era quebrar lanzas a favor de Fernando VII, asediando los caminos con sus fechorías. Todo un cuadro que exigía la restitución de los controles internos derivados del ejercicio del poder coercitivo de las cúpulas dirigentes.
            Se pensaba en nuevas leyes, en la liberalización de le economía, la industria y los mercados así como en el hecho de que la libertad de cultos favorecería la inmigración que llegaría en auxilio con la fuerza de sus capitales, técnica y fuerza de trabajo. Estaba planteada la realización de la utopía liberal.
            Como lo recoge Straka en cita de Briceño y Briceño, pronunciadas el 30 de marzo de 1834 en reunión de la Sociedad Económica de Amigos del País de la Provincia de Caracas, lo que habría de estar planteado era “salir de las añejas rutinas para adoptar las prácticas ilustradas de otros pueblos más adelantados, que con el trabajo han conseguido el bienestar y convivencia”, a lo cual continua con una crítica al hecho de que no se hubiere alcanzado la superioridad y grandeza que en lo individual diera lugar a la asunción de grandes y sublimes conceptos opuestos al hecho de aceptar la obediencia por la pereza de mandar, confiando en fuerzas ajenas y dejando “a otros el cuidado de hacernos felices; y no sé si por lo que se llama apatía” – continua Briceño y Briceño en la cita que de él hace Straka -, “o habitud, deseamos sin querer (permítaseme explicarme así) que el gobierno se divinice para que nos haga ricos, nos dé población, talleres. Jornaleros, caminos, carruajes, educación, industria; en fin, todo…”
            Ante estas afirmaciones de Briceño y Briceño cabe apuntar, en mi opinión, que después de ciento setenta y seis de evolución, hoy pos razones muy distintas de aquellas aunque de alguna manera sujetas asimilares  interpretaciones históricas del contexto, la situación no se corresponde con diferenciaciones significativas en la construcción republicana del liberalismo. Una cuestión en la que si bien, la autocracia alcanzo ciertos logros, la democracia tiene aún pendientes muchas tareas. El proyecto aún no ha concretado el sueño de sus primeros mentores.
            Se planteaba el alcance del bienestar individual al igual que el colectivo. Lograr el mérito y los servicios que apuntalan la “virtud activa” de Vargas. Una República movida por hombres de libre iniciativa cuyo espíritu de empresa alimentara la genialidad ansiosa e inquieta “por la adquisición de cosas nuevas”.
            El intento liberal venezolano de 1830 requería más que lo dado en la Constitución de aquel año y otras normas jurídicas como la Ley de Libertad de Contratos “del 10 de abril de 1834, que en términos prácticos dejaba en el mercado las regulaciones de las relaciones económicas,”. Hacia falta algo más para alcanzar el establecimiento de los valores de la modernidad capitalista ante “una comarca más proclive a las maracas, a los guarapos y a los tambores de San Juan”, ritornelo histórico de nuestra realidad nacional que, en el caso particular de la restauración de la estructura de poder interna de aquel momento, el historiador Carrera Damas denomina proyecto nacional mientras Diego Bautista Urbaneja lo bautiza como proyecto liberal y que, en cuanto a su extensión temporal es objeto de estudio por parte de otro historiador venezolano, Elías Pino Iturrieta.
            Resulta evidente, como lo señala Straka con el apoyo historiográfico de otros historiadores venezolanos de renombre, que la población venezolana no estaba y tal vez aún hoy no este preparada, aunque por otras razones,  para la asunción del proyecto republicano liberal. Esta es una cuestión que no considero pertinente visualizar desde el cuestionamiento de nuestras capacidades individuales o colectivas y si tal vez, desde la perspectiva de la evolución de valores y principios asumidos, en principio como premio a la participación en la guerra de independencia, para con lo cual, cualquier pago era poco y todo habría de serles dado por el Estado benefactor, lo que presuntamente se instalo como ilusión permanente en el imaginario colectivo nacional de aquel momento histórico y que, posteriormente, los azares de una naturaleza prodiga en el reparto de recursos con la que nos bendijo como país, se han encargado de fortalecer.


EL PAIS

            El país de 1830, aquel en el cual se intentaba el ensayo de creación de una república liberal, enfrentaba tres problemas fundamentales que, de acuerdo a la visión de Straka, eran:

Los digamos, estrictamente económicos, asociados a la falta de capitales y mano de obra capaces de revitalizar l agricultura; los sociales, asociados a los conflictos que venían agitando la vida venezolana desde el último tercio del siglo anterior, como los de las tensiones raciales y el tema pendiente de la esclavitud, solo parcialmente abordado con la Ley de Vientres Libres; y el infraestructural, por llamarlo de algún modo, de un espacio poco integrado, con todo lo que ello implicaba para la consolidación de un Estado y un mercado nacional. (p. 12)


El modelo económico imperante era de corte agroexportador basado en la monoproducción, de corte latifundista, de algún cultivo tropical como el café o el cacao en tanto primario y luego una serie de productos secundarios tales como balatá, copra, dividive, añil, pieles, cueros, caparazones de tortuga, ganado mular y caprino, por lo general de alto o mediano valor en los mercados mundiales. Como contrapartida a la exportación de bienes no terminales, más bien materias primas, la importación estaba caracterizada en su origen, por provenir de países con un nivel de progreso económico mas elevado y estar constituida por productos manufacturados, esto es, bienes terminados y dispuestos para su uso o consumo.
La situación real del país correspondía a un momento con escaso nivel de circulante en el mercado, bajo nivel de mercantilización de la mano de obra, latifundio con bajo nivel técnico y tierras ociosas así como relaciones de producción con base en la servidumbre e incluso, de esclavitud hasta 1854. Condiciones que evidentemente no correspondían a las posibilidades de desarrollo del capitalismo dado la imposibilidad de dar existencia aun mercado sin mano de obra, con baja productividad que escamotea el ahorro y la inversión posterior; una producción para la exportación de fundamento accesoria en cuanto a productos que integraron lo que Straka denomina “economías de postre” de la región Circuncaribe: azúcar, café, cacao y tabaco.
Progresiva sustitución de uno de aquellos productos primarios por otro, como ocurrió entre 1830 y 1869 cuando el café paso de representar en términos de exportación, el 38 % contra 38 % del cacao mientras en aquel último la situación fue de 55 % del café frente a 6 % del cacao y para 1890, 75 % en cuanto al café versus 9 % del cacao. Estos cambios apuntalaron el modelo agroexportador y monoproductor a la vez que tuvieron repercusiones importantes en el repoblamiento del país, tal es el caso de los Andes, zona cafetalera por excelencia.
No era fácil la captación del interés de capitales que deseasen invertir en Venezuela, menos aún con la situación de agitación permanente e inestabilidad política vivida entre 1830 y los años finales de la Guerra Federal. Por encima de esas vicisitudes, fue posible el surgimiento de una burguesía amparada en el comercio de importación y exportación, generado tras la instalación de casas comerciales de raigambre internacional que dieron lugar al florecimiento de las actividades económicas en el país. Se constituyeron colonias extranjeras alrededor de los puertos venezolanos, de manera que, en el caso de Maracaibo fueron los daneses y alemanes; alemanes en Puerto Cabello; corsos en Carúpano; alemanes e ingleses en Ciudad Bolívar; ingleses y otras nacionalidades en La Guaira; sefarditas judíos provenientes de Curazao, en la Vela y Coro. Colonias y comerciantes vinculados a sus países de origen en cuanto al desarrollo de sus actividades comerciales.
Adelantar el comercio en un país cuyo territorio se encontraba poco integrado, una consecuencia de ello, se reflejo en el establecimiento de hinterlands, esto es, la existencia de un centro, constituido por un puerto a través del cual ingresaban y salían mercancías desde y hacia el exterior. La producción de los Andes y el norte de Santander llegaba al Puerto de Maracaibo, sus vínculos comerciales se extendían hacia Hamburgo; la serranía de Falcón exportaba e importaba por el Puerto de la Vela;  en el caso del centro del país, el servicio era prestado por los puertos de Puerto Cabello y La Guaira en conexión comercial con Santomas y desde allí a Liverpool o New York; Carúpano, que atendía la región de Paria y Ciudad Bolívar, puerto fluvial “que servía de eje para al comunicación con todos los llanos a través de los ríos de la cuenca del Orinoco, del cual partían a trinidad y de allí a Inglaterra.” (Straka. Ib.: 17).
Destaca Straka (Ib.: 17), que “La comunicación entre los diversos hinterlands era poco común, y todos los testimonios señalan que la que había entre estos y Caracas resultaba francamente difícil.”. Al respecto señala Olivar (2004), que quienes asumieron la dirección del país a partir de 1830, tuvieron como una de sus preocupaciones “el estado de las vías de comunicación interior que facilitaran el fomento de la riqueza pública.”.
Continua Straka, apuntando que “Esto abundó en el aislamiento regional, con sus consecuencias en la proliferación de poderes regionales que ponían en jaque el proyecto de de Estado Nación, así como en los obstáculos para la formación de un vigoroso mercado que ayudara a apuntalar la burguesía, los negocios, la inversión, en suma, en el lenguaje de entonces, el progreso. Llegado a este punto cabe señalar tres cuestiones. La primera, comentada por el ya referido Olivar, quien deja historiográficamente establecido que en 1829, “el desaliento de la agricultura estaba relacionada con la inexistencia de caminos y la presencia de grupos armados en plan de rebeldía contra la autoridad central, cuestiones que hacían del comercio interior un mero simulacro.”. La segunda, tiene que ver con el concepto de progreso. En el ámbito latinoamericano e incluso nacional, hasta no hace más de cincuenta años, la idea de progreso era asumida en términos similares a lo que hoy corresponde al “ desarrollo”, verbi gracia, se hablaba de Alianza para el Progreso, como parte de las estrategias de crecimiento económico y mejoras sociales que habían de adelantar los países de América Latina, en tanto forma de contraposición a las posibilidades de instauración del comunismo en esta parte de la tierra. En tercer lugar, lo referente a la desarticulación del espacio – país, un  hecho que, entre otros, daba lugar al surgimiento de la ambición por el poder que cada venezolano pareciera llevar dentro como parte del patrimonio colectivo de emulación a Bolívar, lo cual abría toda posibilidad a la insurgencia de los caudillos.
Straka plantea como una cuestión dolorosa, las importantes pérdidas territoriales sufridas hacia finales del propio siglo XIX, particularmente en las zonas de la Guajira y el territorio Esequibo. Perdidas del espacio geográfico que, mientras en el caso de otros países dio lugar a importantes enfrentamientos armados mientras en nuestro caso y a decir de Guzmán Blanco, ocurrió “sin disparar un tiro”. Y es que realmente la situación del país correspondía a la un Estado precario.
La precariedad del Estado se expresaba e la dinámica propia que exhibía cada región, lo cual formaba parte de la herencia independentista y fue asumido por el liberalismo como base del planteamiento federalista que prevaleció en la Constitución de 1830. Había una búsqueda de situaciones intermedias entre las posibilidades del centralismo y las dinámicas regionales. Incluso ya en 1817, al instalarse el Congreso de Cariaco, se hubo  intentado la instauración de un gobierno democrático, de acuerdo a las afirmaciones de Tavera Acosta (1954), quien en manifiesta defensa del General Piar deja ver que su fusilamiento estuvo relacionado con aquel hecho y las intrigas que se desarrollaron en su contra al asumir la defensa de tal consideración. Lo señalamos acá por cuanto esa búsqueda de equilibrio parece estar presente en el fusilamiento de Carlos Manuel Piar.
Hacia el último cuarto de siglo, en las páginas 20 a la 22, el texto de Straka nos lleva a la expresión de tres nuevas consideraciones. Pone en evidencia las contradicciones de la Federación y recuerda episodios en los que, la desmembración del territorio estuvo en cuestión, tal es el caso de los intentos por perfeccionar el Estado – Nación entre 1863 y 1868 una vez alcanzado el triunfo de la Guerra Federal y particularmente en 1870 cuando Guzmán Blanco ejerce el poder y el intento secesionista del Zulia con la proclamación parcial en 1862 y total en 1869 a propósito de la situación de sus puertos y aduanas. Da cuenta de la inoperancia del libre mercado para hacer productiva la territorialidad venezolana y las dudas existentes en cuanto a las posibles bendiciones del proyecto liberal debido a que “el país es una vastedad preñada de posibilidades, pero inasible para las fuerzas que tiene.”. (Ib.: 21).
Creación de las bases que han permitido el establecimiento del Petro – Estado, devenido desde que el se asimiló a si mismo como “un país exuberante en recursos, que solo esperan por ser explotados.”, a la manera que fue vaticinado por el viejo Antonio Leocadio Guzmán. Ilusión de un país rico, similar a la ilusión de armonía que habríamos de vivir un siglo después, a decir de Naín y Piñango (1984), en su “Venezuela, una ilusión de armonía”, texto basado en el análisis de esta tipología nacional que nos adscribe a la mentalidad rentista que nos ha poseído desde la irrupción del petróleo en nuestro territorio. Importación de capitales y  fuerza de trabajo es la receta liberal para avanzar, en una situación que se convierte en el inicio de nuestra vocación estatista.

TENSIONES SOCIALES


Straka (Ib.: 22) señala la escasez de población como uno de los aspectos en los que “combinaban los problemas económicos, con los sociales y con las variables neohistóricas”. El doblamiento territorial era considerado condición sin la cual no sería posible la explotación de las riquezas naturales en él contenidas. Se planteaba la necesidad de traer emigrantes, no solo en términos cuantitativos sino que se consideraban las cualidades de esa inmigración en atención a las necesidades que vendrían a suplir. La esclavitud, en términos de inmigrantes posibles no tenía horizonte cierto  en cuanto su incorporación a Venezuela dada las ideas abolicionistas prevalentes  en la República, amén de que ello no favorecería la reposición de la estructura de poder interno.
Sin más, la esclavitud había entrado en una dinámica distinta bajo los efectos de la manumisión, de acuerdo con la cual, los esclavos podían comparar su propia libertad al amo. Tanto las vías legales como las de hecho, ejemplo el cimarronaje, habían abierto un nuevo camino a la situación del denominado Código Negro, particularmente a partir de 1795 con la rebelión de Coro, una situación que afectaba a los blancos desde el punto de vista de su inferioridad numérica. Incluso, la trata de negros se había prohibido desde agosto de 1810.
El contexto de la esclavitud cobrará visos diferenciales durante la guerra de independencia. Los bandos en disputa ofrecerán la libertad a los esclavos a cambio de su participación en ella. Es la consecuencia de la falta de brazos para adelantar las acciones militares. Negros y pardos ven   allí la oportunidad de insurgir y avanzar en medio de un mundo signado por el dominio de la elite blanca. La “pardocracia” se hacia sentir. De hecho, la necesidad de someterla en el caso del ámbito militar, parece estar entre una de las múltiples causas del fusilamiento del General Carlos Manuel Piar, sin duda alguna, el héroe de la heroicidad patriota en la conquista e incorporación de la octava estrella: Guayana.
De hecho, un elemento adicional en la emergencia de la pardocracia lo constituyo el fabuloso nutriente de la “posibilidad de ser propietarios.” Al cancelarse los sueldos caídos de las tropas con las tierras confiscadas a españoles y blancos criollos realistas emigrados a través de la Ley de Haberes Militares de 1817, justamente el año en que tal fusilamiento ocurriera en Angostura. A ese respecto,  cabe señalar y preguntarse, cuántas de las propiedades territoriales en Venezuela tienen allí su origen. Es evidente que tal situación estaba en correspondencia con las tensiones que se producían en el seno de la sociedad colonial, al extremo que en 1821 se estatuye la Ley de Vientres Libres como un nuevo paso e avance en el proceso de liberalización de la esclavitud.
El proceso de superación de la esclavitud en Venezuela estaba ya sometido a un decurso que de manera natural extinguiría esta a partir del año en cuestión. Si en 1830 existían 42.500 esclavos, en 1854, solo catorce años después, el número se ve reducido de forma natural a tan solo 15.000. No queda duda de que la esclavitud fue una gran generadora de inquietud y tensiones sociales en la Venezuela colonial, situación que se mantuvo hasta los años de 1862 y 63 cuando respectivamente y, a través, tanto del decreto Orgánico de la Dictadura de Páez como del Decreto de Garantías, al final de la Guerra Federal, los libertos no deseaban dejar cabos sueltos en cuanto a su nueva condición, dado el temor  “de que los godos los volvieran a esclavizar”.
Respecto al problema de las tensiones sociales y las posibilidades de su superación, baste en cuanto crítica, la misma que dibuja Straka (Ib.: 28), en relación con la redención que para los esclavos pudiera representar Guzmán Blanco toda vez que en relación a la esclavitud y el hecho instaurado de la pardocracia, de la cual el mismo era parte, y por lo tanto <<sabía que la estabilidad de la república pasaba por satisfacer en alguna medida sus aspiraciones e hizo importantes concesiones en este sentido. El ilustre llego a ser, casi tanto como su padre treinta años antes, inmensamente popular, sobre todo entre “la mayoría de color y no educada que reclamaba cambios”, que lo sintió como su representante y, hasta cierto punto, como redentor>> a decir de William Pile, Embajador de los Estados Unidos de Norteamérica en Venezuela quien “tenía confianza en que con un liderazgo adecuado y educación esto podía conducir a un gobierno popular. Por supuesto, en su circulo íntimo, quien se dispuso a vivir de forma versallesca no hacía similares alardes de democracia.”.

EL CAUDULLISMO


En mi opinión y, en cuanto al caudillismo en Venezuela, la visión prevalente ha correspondido a la herencia histórica que desde los primeros tiempos de la venezolanidad se constreñía, entre el positivismo como modo epistémico de su estudio, y la épica guerrera en atención a las características de un enciclopedismo erudito, obcecado por la gesta y glorias imperiales de Roma. Como lo señala Straka, las explicaciones al fenómeno del caudillismo en Venezuela, han sido y son muchas y validas, todo tiene que ver con la articulación epidémica a través de la cual se intenta viabilizar las circunstancias de su existencia, las cuales van desde el clima y la raza hasta los eventos económicos y sociales del contexto en el cual existió.
En todo caso, el caudillismo representa la herencia libertaria y mesiánica de quienes a lo largo de nuestros procesos históricos se han visto a si mismos como salvadores de la patria. De hecho, como lo apunta Straka e su texto:
A lo largo del siglo XIX y buena parte del XX, el caudillismo y la caldera que le propulsaba su energía, las constantes guerras civiles, fueron entendidas como las muestras más claras y contundentes de la inviabilidad del republicanismo hispanoamericano, de la anti-república que en la práctica imperaba con gobiernos personalistas, arbitrarios y violentos, en los que la institucionalidad y la legalidad a lo sumo tenían carácter accesorio e instrumental para quienes ejercían el poder. (p. 28)


Desde el punto de vista del análisis politológico que hoy en día prima la interpretación del caudillismo en Venezuela, este no era otro que el individuo de frontera al margen de la civilización europea en medio de la masa de indios, negros, llaneros de nuestras ciudades, ayunas del acriollamiento derivado del Estado colonial, y que a su vez, escapaba del control de las elites citadinas, emergiendo a la guerra como líderes militares en sus campamentos así como en las montoneras del siglo XIX.
El caudillo basa su ascendencia y dominio en la cuantía de sus riquezas, su prestigio, lealtades personales y talento militar, puestos en ejercicio para el control de la sociedad. Ante la insurgencia permanente de caudillos a quienes solo bastaba convocar a sus peones y declararse en campaña a favor o en contra de aquello que les beneficiara o no, “eran una especie de solución para garantizarle un mínimo de orden y convivencia cívica a la república”. Si bien la prosapia caudisllesca era fundamentalmente militar, siendo Páez y José Tadeo Monagas  sus más conspicuos e influyentes representantes en el siglo XIX, el origen de Antonio Guzmán Blanco es diferente. Es un civil, formado en las aulas universitarias que se trastoca en militar como vía hacia el alcance y ejercicio del poder en un país donde para ello la única alternativa viable era hacerse caudillo militar.
Dada su formación y no de otra manera, podía asumir su visión “burguesa” de la sociedad que intento construir bajo su mando. Para lograrlo, avanzo creando la condiciones necesarias desde el clima propicio a los negocios hasta el desempeño de una afrancesada sociabilidad derivada no solo de sus viajes a Europa, sino aliñada posteriormente con el intercambio comercial y cultural que se produjo con el viejo continente. A decir de Monseñor Juan Bautista Castro, Guzmán Blanco no solo significaba un cambio de hombres sino algo más, implantación de ideas y concreción práctica de los principios del liberalismo, llevados hasta sus últimas consecuencias.
Intentando se republicano, Guzmán no vio otra opción que el valerse de su prestigio personal para acaudillarse en el camino hacia el poder, con toda la crítica que antes de ello había ejercido en contra del sistema personalista del ejercicio del poder que se había establecido en Venezuela de la mano primigenia de José Antonio Páez al término de la guerra e inicio de la era republicana. Sus palabras al respecto son suficientemente claras, de acuerdo a la cita que de esto hace Straka (Ib.: 32): “la República para 1840 había dejado de ser, e sus condiciones de tal. Al pueblo habíase sustituido un hombre. Y al voto de los pueblos, la voluntad de ese hombre”. El autócrata civilizador, el ilustre americano, olvida esas palabras y se dedica al ejercicio del poder para construir las bases sobre las cuales abría de erigirse la nueva elite dominante de la sociedad venezolana a finales del siglo XIX.
Ahora bien, considerado el período que concluye justamente en el año1899, cuando se ha cumplido un avance significativo hacia la centralización del ejercicio del poder, las consideraciones que respecto al caudillismo hace Straka, dejan por fuera el hecho trascendente de la declinación y final de la era caudillista en Venezuela. De hecho, como señala Quintero (2009: 55 - 56), al referir la transición al centralismo: “El acuerdo o las alianzas ya no se erigen en función del respeto y mantenimiento de las autonomías locales, sino en la aceptación progresiva de la existencia de un poder central que regula ala conducción política nacional. Quienes no aceptan el nuevo pacto sufren el rigor de las mazmorras y los grillos o salen del país a la espera de otra oportunidad. Los otros, al aceptarlo, dan paso a la consolidación del poder central.”.
Es esa la manera como, a partir de octubre de 1899, con la entrada a Caracas del ejercito restaurador bajo las ordenes de Cipriano Castro se inicia el declive de la figura del caudillo quien, al crearse el moderno ejercito venezolano, dejará camino abierto a una misma forma del ejercicio del poder, con otra denominación: El caudillo se baja del caballo para dar paso a la tiranía, al dictador.
A partir del 22 de octubre de 1899, de acuerdo a lo que refiere Quintero (Ib.: 56) ó 23 de octubre de 1899, como finalmente lo recoge Caballero (2010: 21), habrán de sucederse los tres años “más violentos sino más sangrientos en la historia de la República de Venezuela desde 1830.”. Será definitivamente en el año 1903, en la Batalla de Ciudad Bolívar, cuando la República ve el final de aquella época transcurrida de la mano del caudillo, lo cual ha llevado a caracterizar el siglo XIX venezolano como el siglo de la guerra.
No deseo dar final a esta penúltima parte en el análisis del discurso strakiano, sin plasmar en él un elemento valido para la reflexión. Se trata de la cuestión militar y las dictaduras, los caudillos y las ideas políticas en Venezuela desde 1810 a nuestros días. En toda nuestra historia republicana, desde 1830 hasta 2010, el gobierno venezolano ha sido ejercido fundamentalmente por militares. De hecho, culmino esta sección con la presentación de o que he calificado como una anécdota empírica de nuestra historia republicana a este último respecto. En las tablas subsiguientes se aprecia en términos cuantitativos de número y temporalidad, el ejercicio de presidencias militares o civiles en el país. No hago consideración alguna por cuanto las cifras son elocuentemente significativas y da lugar para que cada quien realice la interpretación que mejor ajuste a sus ideas e ideales de manera lógica y convincente.