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Farmacéutico. Profesor Titular en la UDO. Consultor y Asesor de Empresas. Estudios de especialidad, maestria y doctorado. Gerencia de ciencia y tecnología; planificacion financiera; planificación de la educación superior; gerencia de organizaciones; gerencia política y gobernabilidad. Pensamiento complejo. Historia de Venezuela. Docente investigador de Postgrado. Locutor certificado por la UCV.

miércoles, 19 de enero de 2011

FORMACON DEL ESTADO VENEZOLANO EN EL SIGLO XIX: 1830 - 1899 (1)

RESUMEN Y CRITICA AL TEXTO DE TOMAS STRAKA:
 “INSTAURACION DE LA REPUBLICA LIBERAL AUTOCRATICA.
Claves para su interpretación. 1830 – 1899”


 INTRODUCCION

            Como parte de la actividad académica comprendida en la Asignatura “Formación de Estado Venezolano durante el siglo XIX, años 1830 a 1899, en tanto componente de la Maestría en Historia de Venezuela, que a través de la estrategia del Programa de Estudios Avanzados, dicta la Universidad Católica Andrés Bello en su Extensión Ciudad Guayana, corresponde realizar un resumen del libro “Instauración de la República Liberal Autocrática. Claves para su interpretación”, del historiador venezolano Tomás Straka, a la vez que desarrollar el procedimiento crítico que cada uno de los participantes juzgue oportuno, desde su óptica individual del referido proceso histórico.
            En primer lugar ha de apuntarse que, en lo correspondiente a la forma, el libro es de fácil manejo dada la sencillez y características flexibles de su formato en cuanto tamaño, papel, tamaño tipográfico, encuadernado y peso, cualidad esta última que le hace asequible como fuente de lectura, en cualquier momento y lugar.
            El libro consta de 114 páginas y estructura su contenido de fondo en tres segmentos claramente definidos: El discurso del autor, inserto en las páginas 7 a 35; una copiosa bibliografía de referencia en cuanto las notas del autor, las cuales suman un total de sesenta y cinco, ubicadas entre las páginas 36 y 41. Finalmente, una sección antológica en la que se recogen nueve documentos trascendentes en el devenir del período histórico considerado, la cual abarca desde la página 43 hasta la 109.
            Ese es el entorno físico material del texto impreso cuyo análisis remitimos, el cual muestra en su carátula una imagen de la Plaza Guzmán Blanco en la Caracas de 1878, proveniente de una obra de Henrique Neun. Por su parte, la obra de Straka forma parte de la serie Cuadernos de la Historia Contemporánea de Venezuela, la cual se desarrolla bajo el asesoramiento de otro gran historiador venezolano como lo es el Dr. Germán Carrera Damas, serie que deriva de la experiencia del diplomado que bajo el mismo nombre fuera dictado durante el año 2009 por la Universidad Pedagógica experimental Libertador (UPEL), de la cual se hace eco con el patrocinio editorial  de los textos inherentes al mismo, la Fundación Rómulo Betancourt.


METODOLOGIA DE TRABAJO

           
Para cumplir con esta asignación, trabajaremos simultáneamente el resumen y la critica al texto en aquellos pasajes que juzguemos convenientes en cuanto la expresión de nuestra visión y posición ante determinados aspectos del texto. Las críticas son presentadas en color azul y letra inclinada, lo cual facilita su diferenciación respecto al texto principal y el correspondiente resumen. Obvio que, se trata de opiniones eminentemente personales que bien pueden ser apoyadas con argumentación historiográfica a la que en algún momento previo hemos tenido acceso, más para satisfacer nuestra sed de conocimiento en cuanto a la historia de nuestro país, que como expertos, lo cual no somos ya que recién hemos dado inicio al cultivo de la misma en el ámbito de la formación académica en esta área de conocimiento.


RESUMEN Y CRITICA

“UN SIGLO FUNDAMENTAL, A MODO DE INTRODUCCION”


            El inicio discursivo del texto de Straka, anuncia que “Durante un siglo, la historia venezolana fue la un anhelo incumplido: el de encontrar un orden para articularse con la modernidad capitalista” a la vez que un proceso de ensayos que permitiera el logro de ese objetivo. Esa es una cuestión que si bien no alcanzaron; por encima de los sacrificios, en casos inútilmente realizados, se fraguaron las bases valorativas que aún sostienen la viabilidad social del país, cuales son la nacionalidad, la libertad, la igualdad y los deseos de prosperidad. Más allá de Gómez y el ejercicio de su poder dictatorial durante veintisiete años que culminan en la temporalidad del primer tercio de siglo XX, lo que lleva a la expresión de Picón Salas en referencia a que Venezuela ingresa a este siglo con retraso, en el año 1935, a lo que debe agregarse que si bien ello fue temporalmente tardío, desde la perspectiva de lo cronológico y conceptual, se consolidaron en el imaginario colectivo, dos ideas fundamentales: democracia y prosperidad.
            El autor expresa que, su objetivo es “definir algunas claves – que aspiramos demostrar fundamentales – para la comprensión de la etapa.”, para luego agregar como tesis propia, que “se trata de un período susceptible de ser entendido con cierta unidad, más allá de las obvias diferencias que hallamos entre cada uno de sus momentos, si nos atenemos a problemas globales como los del funcionamiento del Estado … la configuración de la economía … relaciones sociales con las que se desarrollaron, y de las conexiones que mantuvieron con el mercado mundial; o los de la dinámica de su sociedad.”. Más adelante deja ver el alcance del trabajo presentado en tanto permita la “configuración de aquellas variables que se tradujeron en la instauración de una república liberal – autocrática, como punto medio – ¿liberal y a la vez autocrática? Entre el país de los grandes planes y el país que fue en la realidad.”.
            Asumimos las “claves” referentes del autor, como hechos trascendentes en la evolución del período, cuya correcta lectura histórica  e  interpretación hermenéutica en referencia con el contexto neotemporal conllevan a la comprensión del mismo. En cuanto a la unidad del período, asumo que el mismo, correspondiente a la concreción venezolana del Estado – Nación,  abarca el arco temporal comprendido entre los años 1830 con la aprobación de la tercera Constitución y la posterior elección del General José Antonio Páez como primer Presidente de Venezuela y el año 1935 con el fallecimiento del General Juan Vicente Gómez, último caudillo que en ejercicio de un férreo gobierno dictatorial, cerró el período que a decir de Straka, - cuestión que también comparto -, concluye la instauración del Estado ya referido.
            Ahora bien, lo que al autor señala como problemas globales, es cuestión que no comparto en tanto los mismos pudieran se asumidos como problemas de coyuntura y por tanto particulares en el contexto del verdadero “problema global”, cual es la formación del Estado – Nación, el cual existe en cuanto su fundamentación jurídica y formalización política por cuanto para el momento de su establecimiento formal en 1830, no se había conformado de manera firmemente establecida la territorialidad de Venezuela, apenas separada de lo que fue la Gran Colombia, por una parte, y por la otra, la creación del Estado – Nación representaba en aquellos momentos,  una situación de hecho por cuanto la independencia nacional no fue jurídicamente reconocida por España hasta el año 1846[1], cuestión que resulta importante a los efectos del reconocimiento que  implícitamente correspondería dar a los otros estados respecto a Venezuela y su nueva realidad, particularmente en el caso de los otros reinos europeos que hacían vida en esta parte del planeta.
            Para un acercamiento a las variables, cuya interacción culmina en la praxis de un liberalismo a la venezolana que conllevó a la Instauración de la República Liberal Autocrática, como variable en la que conceptualmente opera el contrasentido del liberalismo en abierta contradicción dialéctica con el soporte político que permite su establecimiento, cual es la autocracia “militar”, la operativizamos en cuanto los datos aportados por sus componentes: “El Proyecto”, en tanto contenido político que da soporte a lo habría de constituir la utopía de la república; “El País”, entidad sobre la cual habrían de imponérselos principios y valores del liberalismo; “Las tensiones sociales” que dieron lugar a  negociaciones que como parte de el proceso político de centralización facilitaron la instauración socio – política de aspectos críticos relativos a la implantación del proyecto y consolidación de la futura viabilidad del Estado – Nación y el “caudillismo” como eje de la  desarticulación que impide los avances hacia la concreción del Estado – Nación y  que,  una vez sometido y controlado, permite la evolución definitiva hacia el alcance de la paz y concreción operativa del Estado Liberal bajo la egida de la “manu militari”, que a lo largo de la historia patria primero, y de la historia nacional después, aparecerá bajo el manto de sus uniformes o, trasfondo tutorial de la civilidad, como “salvadora” del país[2].
EL PROYECTO


            A finales de 1829, persuadidos de que la escisión de la Gran Colombia era un hecho, Páez constituye la Sociedad de Amigos del País, entidad de la corona española que es entonces cuando se crea en Caracas. Reunida en Asamblea el 26 de noviembre en la Iglesia de San Francisco de esta misma ciudad, se declara la “separación del gobierno de Bogotá y desconocimiento de la autoridad del General Bolívar”. El 13 de enero de 1830, se convocan elecciones para la conformación de un congreso exclusivamente venezolano y distinto al de la capital grancolombiana. Se trataba de reconstituir la república, retomando la senda de 1811. Al estar en manos de una República independiente, habría que establecer un programa que permitiera orientar lo que finalmente la determinaría.
            Se trataba de formar en Venezuela, una república liberal. La elite dirigente Provenza de los patriotas que habían combatido durante la Guerra de Independencia, de una clase ilustrada constituida por abogados, comerciantes, políticos, profesores y “alguno que otro militar ilustrado”. Realizaron un diagnóstico de la situación en la que se evidenciaba una economía en ruinas al igual que las elites mantuanas, una sociedad sentida en la disminución cuantitativa de sus integrantes dadas las bajas ocurridas durante la guerra a la vez que las tensiones raciales existentes, factores ambos que trastocaron la estructura de poder interno mientras los pardos enriquecidos y los europeos recién avecinados ascendían socialmente. Una incontrolada situación de bandidaje, cimarroneras y guerrillas al servicio del mejor postor, tanto si se trataba de los patriotas como si que mejor correspondía era quebrar lanzas a favor de Fernando VII, asediando los caminos con sus fechorías. Todo un cuadro que exigía la restitución de los controles internos derivados del ejercicio del poder coercitivo de las cúpulas dirigentes.
            Se pensaba en nuevas leyes, en la liberalización de le economía, la industria y los mercados así como en el hecho de que la libertad de cultos favorecería la inmigración que llegaría en auxilio con la fuerza de sus capitales, técnica y fuerza de trabajo. Estaba planteada la realización de la utopía liberal.
            Como lo recoge Straka en cita de Briceño y Briceño, pronunciadas el 30 de marzo de 1834 en reunión de la Sociedad Económica de Amigos del País de la Provincia de Caracas, lo que habría de estar planteado era “salir de las añejas rutinas para adoptar las prácticas ilustradas de otros pueblos más adelantados, que con el trabajo han conseguido el bienestar y convivencia”, a lo cual continua con una crítica al hecho de que no se hubiere alcanzado la superioridad y grandeza que en lo individual diera lugar a la asunción de grandes y sublimes conceptos opuestos al hecho de aceptar la obediencia por la pereza de mandar, confiando en fuerzas ajenas y dejando “a otros el cuidado de hacernos felices; y no sé si por lo que se llama apatía” – continua Briceño y Briceño en la cita que de él hace Straka -, “o habitud, deseamos sin querer (permítaseme explicarme así) que el gobierno se divinice para que nos haga ricos, nos dé población, talleres. Jornaleros, caminos, carruajes, educación, industria; en fin, todo…”
            Ante estas afirmaciones de Briceño y Briceño cabe apuntar, en mi opinión, que después de ciento setenta y seis de evolución, hoy pos razones muy distintas de aquellas aunque de alguna manera sujetas asimilares  interpretaciones históricas del contexto, la situación no se corresponde con diferenciaciones significativas en la construcción republicana del liberalismo. Una cuestión en la que si bien, la autocracia alcanzo ciertos logros, la democracia tiene aún pendientes muchas tareas. El proyecto aún no ha concretado el sueño de sus primeros mentores.
            Se planteaba el alcance del bienestar individual al igual que el colectivo. Lograr el mérito y los servicios que apuntalan la “virtud activa” de Vargas. Una República movida por hombres de libre iniciativa cuyo espíritu de empresa alimentara la genialidad ansiosa e inquieta “por la adquisición de cosas nuevas”.
            El intento liberal venezolano de 1830 requería más que lo dado en la Constitución de aquel año y otras normas jurídicas como la Ley de Libertad de Contratos “del 10 de abril de 1834, que en términos prácticos dejaba en el mercado las regulaciones de las relaciones económicas,”. Hacia falta algo más para alcanzar el establecimiento de los valores de la modernidad capitalista ante “una comarca más proclive a las maracas, a los guarapos y a los tambores de San Juan”, ritornelo histórico de nuestra realidad nacional que, en el caso particular de la restauración de la estructura de poder interna de aquel momento, el historiador Carrera Damas denomina proyecto nacional mientras Diego Bautista Urbaneja lo bautiza como proyecto liberal y que, en cuanto a su extensión temporal es objeto de estudio por parte de otro historiador venezolano, Elías Pino Iturrieta.
            Resulta evidente, como lo señala Straka con el apoyo historiográfico de otros historiadores venezolanos de renombre, que la población venezolana no estaba y tal vez aún hoy no este preparada, aunque por otras razones,  para la asunción del proyecto republicano liberal. Esta es una cuestión que no considero pertinente visualizar desde el cuestionamiento de nuestras capacidades individuales o colectivas y si tal vez, desde la perspectiva de la evolución de valores y principios asumidos, en principio como premio a la participación en la guerra de independencia, para con lo cual, cualquier pago era poco y todo habría de serles dado por el Estado benefactor, lo que presuntamente se instalo como ilusión permanente en el imaginario colectivo nacional de aquel momento histórico y que, posteriormente, los azares de una naturaleza prodiga en el reparto de recursos con la que nos bendijo como país, se han encargado de fortalecer.


EL PAIS

            El país de 1830, aquel en el cual se intentaba el ensayo de creación de una república liberal, enfrentaba tres problemas fundamentales que, de acuerdo a la visión de Straka, eran:

Los digamos, estrictamente económicos, asociados a la falta de capitales y mano de obra capaces de revitalizar l agricultura; los sociales, asociados a los conflictos que venían agitando la vida venezolana desde el último tercio del siglo anterior, como los de las tensiones raciales y el tema pendiente de la esclavitud, solo parcialmente abordado con la Ley de Vientres Libres; y el infraestructural, por llamarlo de algún modo, de un espacio poco integrado, con todo lo que ello implicaba para la consolidación de un Estado y un mercado nacional. (p. 12)


El modelo económico imperante era de corte agroexportador basado en la monoproducción, de corte latifundista, de algún cultivo tropical como el café o el cacao en tanto primario y luego una serie de productos secundarios tales como balatá, copra, dividive, añil, pieles, cueros, caparazones de tortuga, ganado mular y caprino, por lo general de alto o mediano valor en los mercados mundiales. Como contrapartida a la exportación de bienes no terminales, más bien materias primas, la importación estaba caracterizada en su origen, por provenir de países con un nivel de progreso económico mas elevado y estar constituida por productos manufacturados, esto es, bienes terminados y dispuestos para su uso o consumo.
La situación real del país correspondía a un momento con escaso nivel de circulante en el mercado, bajo nivel de mercantilización de la mano de obra, latifundio con bajo nivel técnico y tierras ociosas así como relaciones de producción con base en la servidumbre e incluso, de esclavitud hasta 1854. Condiciones que evidentemente no correspondían a las posibilidades de desarrollo del capitalismo dado la imposibilidad de dar existencia aun mercado sin mano de obra, con baja productividad que escamotea el ahorro y la inversión posterior; una producción para la exportación de fundamento accesoria en cuanto a productos que integraron lo que Straka denomina “economías de postre” de la región Circuncaribe: azúcar, café, cacao y tabaco.
Progresiva sustitución de uno de aquellos productos primarios por otro, como ocurrió entre 1830 y 1869 cuando el café paso de representar en términos de exportación, el 38 % contra 38 % del cacao mientras en aquel último la situación fue de 55 % del café frente a 6 % del cacao y para 1890, 75 % en cuanto al café versus 9 % del cacao. Estos cambios apuntalaron el modelo agroexportador y monoproductor a la vez que tuvieron repercusiones importantes en el repoblamiento del país, tal es el caso de los Andes, zona cafetalera por excelencia.
No era fácil la captación del interés de capitales que deseasen invertir en Venezuela, menos aún con la situación de agitación permanente e inestabilidad política vivida entre 1830 y los años finales de la Guerra Federal. Por encima de esas vicisitudes, fue posible el surgimiento de una burguesía amparada en el comercio de importación y exportación, generado tras la instalación de casas comerciales de raigambre internacional que dieron lugar al florecimiento de las actividades económicas en el país. Se constituyeron colonias extranjeras alrededor de los puertos venezolanos, de manera que, en el caso de Maracaibo fueron los daneses y alemanes; alemanes en Puerto Cabello; corsos en Carúpano; alemanes e ingleses en Ciudad Bolívar; ingleses y otras nacionalidades en La Guaira; sefarditas judíos provenientes de Curazao, en la Vela y Coro. Colonias y comerciantes vinculados a sus países de origen en cuanto al desarrollo de sus actividades comerciales.
Adelantar el comercio en un país cuyo territorio se encontraba poco integrado, una consecuencia de ello, se reflejo en el establecimiento de hinterlands, esto es, la existencia de un centro, constituido por un puerto a través del cual ingresaban y salían mercancías desde y hacia el exterior. La producción de los Andes y el norte de Santander llegaba al Puerto de Maracaibo, sus vínculos comerciales se extendían hacia Hamburgo; la serranía de Falcón exportaba e importaba por el Puerto de la Vela;  en el caso del centro del país, el servicio era prestado por los puertos de Puerto Cabello y La Guaira en conexión comercial con Santomas y desde allí a Liverpool o New York; Carúpano, que atendía la región de Paria y Ciudad Bolívar, puerto fluvial “que servía de eje para al comunicación con todos los llanos a través de los ríos de la cuenca del Orinoco, del cual partían a trinidad y de allí a Inglaterra.” (Straka. Ib.: 17).
Destaca Straka (Ib.: 17), que “La comunicación entre los diversos hinterlands era poco común, y todos los testimonios señalan que la que había entre estos y Caracas resultaba francamente difícil.”. Al respecto señala Olivar (2004), que quienes asumieron la dirección del país a partir de 1830, tuvieron como una de sus preocupaciones “el estado de las vías de comunicación interior que facilitaran el fomento de la riqueza pública.”.
Continua Straka, apuntando que “Esto abundó en el aislamiento regional, con sus consecuencias en la proliferación de poderes regionales que ponían en jaque el proyecto de de Estado Nación, así como en los obstáculos para la formación de un vigoroso mercado que ayudara a apuntalar la burguesía, los negocios, la inversión, en suma, en el lenguaje de entonces, el progreso. Llegado a este punto cabe señalar tres cuestiones. La primera, comentada por el ya referido Olivar, quien deja historiográficamente establecido que en 1829, “el desaliento de la agricultura estaba relacionada con la inexistencia de caminos y la presencia de grupos armados en plan de rebeldía contra la autoridad central, cuestiones que hacían del comercio interior un mero simulacro.”. La segunda, tiene que ver con el concepto de progreso. En el ámbito latinoamericano e incluso nacional, hasta no hace más de cincuenta años, la idea de progreso era asumida en términos similares a lo que hoy corresponde al “ desarrollo”, verbi gracia, se hablaba de Alianza para el Progreso, como parte de las estrategias de crecimiento económico y mejoras sociales que habían de adelantar los países de América Latina, en tanto forma de contraposición a las posibilidades de instauración del comunismo en esta parte de la tierra. En tercer lugar, lo referente a la desarticulación del espacio – país, un  hecho que, entre otros, daba lugar al surgimiento de la ambición por el poder que cada venezolano pareciera llevar dentro como parte del patrimonio colectivo de emulación a Bolívar, lo cual abría toda posibilidad a la insurgencia de los caudillos.
Straka plantea como una cuestión dolorosa, las importantes pérdidas territoriales sufridas hacia finales del propio siglo XIX, particularmente en las zonas de la Guajira y el territorio Esequibo. Perdidas del espacio geográfico que, mientras en el caso de otros países dio lugar a importantes enfrentamientos armados mientras en nuestro caso y a decir de Guzmán Blanco, ocurrió “sin disparar un tiro”. Y es que realmente la situación del país correspondía a la un Estado precario.
La precariedad del Estado se expresaba e la dinámica propia que exhibía cada región, lo cual formaba parte de la herencia independentista y fue asumido por el liberalismo como base del planteamiento federalista que prevaleció en la Constitución de 1830. Había una búsqueda de situaciones intermedias entre las posibilidades del centralismo y las dinámicas regionales. Incluso ya en 1817, al instalarse el Congreso de Cariaco, se hubo  intentado la instauración de un gobierno democrático, de acuerdo a las afirmaciones de Tavera Acosta (1954), quien en manifiesta defensa del General Piar deja ver que su fusilamiento estuvo relacionado con aquel hecho y las intrigas que se desarrollaron en su contra al asumir la defensa de tal consideración. Lo señalamos acá por cuanto esa búsqueda de equilibrio parece estar presente en el fusilamiento de Carlos Manuel Piar.
Hacia el último cuarto de siglo, en las páginas 20 a la 22, el texto de Straka nos lleva a la expresión de tres nuevas consideraciones. Pone en evidencia las contradicciones de la Federación y recuerda episodios en los que, la desmembración del territorio estuvo en cuestión, tal es el caso de los intentos por perfeccionar el Estado – Nación entre 1863 y 1868 una vez alcanzado el triunfo de la Guerra Federal y particularmente en 1870 cuando Guzmán Blanco ejerce el poder y el intento secesionista del Zulia con la proclamación parcial en 1862 y total en 1869 a propósito de la situación de sus puertos y aduanas. Da cuenta de la inoperancia del libre mercado para hacer productiva la territorialidad venezolana y las dudas existentes en cuanto a las posibles bendiciones del proyecto liberal debido a que “el país es una vastedad preñada de posibilidades, pero inasible para las fuerzas que tiene.”. (Ib.: 21).
Creación de las bases que han permitido el establecimiento del Petro – Estado, devenido desde que el se asimiló a si mismo como “un país exuberante en recursos, que solo esperan por ser explotados.”, a la manera que fue vaticinado por el viejo Antonio Leocadio Guzmán. Ilusión de un país rico, similar a la ilusión de armonía que habríamos de vivir un siglo después, a decir de Naín y Piñango (1984), en su “Venezuela, una ilusión de armonía”, texto basado en el análisis de esta tipología nacional que nos adscribe a la mentalidad rentista que nos ha poseído desde la irrupción del petróleo en nuestro territorio. Importación de capitales y  fuerza de trabajo es la receta liberal para avanzar, en una situación que se convierte en el inicio de nuestra vocación estatista.

TENSIONES SOCIALES


Straka (Ib.: 22) señala la escasez de población como uno de los aspectos en los que “combinaban los problemas económicos, con los sociales y con las variables neohistóricas”. El doblamiento territorial era considerado condición sin la cual no sería posible la explotación de las riquezas naturales en él contenidas. Se planteaba la necesidad de traer emigrantes, no solo en términos cuantitativos sino que se consideraban las cualidades de esa inmigración en atención a las necesidades que vendrían a suplir. La esclavitud, en términos de inmigrantes posibles no tenía horizonte cierto  en cuanto su incorporación a Venezuela dada las ideas abolicionistas prevalentes  en la República, amén de que ello no favorecería la reposición de la estructura de poder interno.
Sin más, la esclavitud había entrado en una dinámica distinta bajo los efectos de la manumisión, de acuerdo con la cual, los esclavos podían comparar su propia libertad al amo. Tanto las vías legales como las de hecho, ejemplo el cimarronaje, habían abierto un nuevo camino a la situación del denominado Código Negro, particularmente a partir de 1795 con la rebelión de Coro, una situación que afectaba a los blancos desde el punto de vista de su inferioridad numérica. Incluso, la trata de negros se había prohibido desde agosto de 1810.
El contexto de la esclavitud cobrará visos diferenciales durante la guerra de independencia. Los bandos en disputa ofrecerán la libertad a los esclavos a cambio de su participación en ella. Es la consecuencia de la falta de brazos para adelantar las acciones militares. Negros y pardos ven   allí la oportunidad de insurgir y avanzar en medio de un mundo signado por el dominio de la elite blanca. La “pardocracia” se hacia sentir. De hecho, la necesidad de someterla en el caso del ámbito militar, parece estar entre una de las múltiples causas del fusilamiento del General Carlos Manuel Piar, sin duda alguna, el héroe de la heroicidad patriota en la conquista e incorporación de la octava estrella: Guayana.
De hecho, un elemento adicional en la emergencia de la pardocracia lo constituyo el fabuloso nutriente de la “posibilidad de ser propietarios.” Al cancelarse los sueldos caídos de las tropas con las tierras confiscadas a españoles y blancos criollos realistas emigrados a través de la Ley de Haberes Militares de 1817, justamente el año en que tal fusilamiento ocurriera en Angostura. A ese respecto,  cabe señalar y preguntarse, cuántas de las propiedades territoriales en Venezuela tienen allí su origen. Es evidente que tal situación estaba en correspondencia con las tensiones que se producían en el seno de la sociedad colonial, al extremo que en 1821 se estatuye la Ley de Vientres Libres como un nuevo paso e avance en el proceso de liberalización de la esclavitud.
El proceso de superación de la esclavitud en Venezuela estaba ya sometido a un decurso que de manera natural extinguiría esta a partir del año en cuestión. Si en 1830 existían 42.500 esclavos, en 1854, solo catorce años después, el número se ve reducido de forma natural a tan solo 15.000. No queda duda de que la esclavitud fue una gran generadora de inquietud y tensiones sociales en la Venezuela colonial, situación que se mantuvo hasta los años de 1862 y 63 cuando respectivamente y, a través, tanto del decreto Orgánico de la Dictadura de Páez como del Decreto de Garantías, al final de la Guerra Federal, los libertos no deseaban dejar cabos sueltos en cuanto a su nueva condición, dado el temor  “de que los godos los volvieran a esclavizar”.
Respecto al problema de las tensiones sociales y las posibilidades de su superación, baste en cuanto crítica, la misma que dibuja Straka (Ib.: 28), en relación con la redención que para los esclavos pudiera representar Guzmán Blanco toda vez que en relación a la esclavitud y el hecho instaurado de la pardocracia, de la cual el mismo era parte, y por lo tanto <<sabía que la estabilidad de la república pasaba por satisfacer en alguna medida sus aspiraciones e hizo importantes concesiones en este sentido. El ilustre llego a ser, casi tanto como su padre treinta años antes, inmensamente popular, sobre todo entre “la mayoría de color y no educada que reclamaba cambios”, que lo sintió como su representante y, hasta cierto punto, como redentor>> a decir de William Pile, Embajador de los Estados Unidos de Norteamérica en Venezuela quien “tenía confianza en que con un liderazgo adecuado y educación esto podía conducir a un gobierno popular. Por supuesto, en su circulo íntimo, quien se dispuso a vivir de forma versallesca no hacía similares alardes de democracia.”.

EL CAUDULLISMO


En mi opinión y, en cuanto al caudillismo en Venezuela, la visión prevalente ha correspondido a la herencia histórica que desde los primeros tiempos de la venezolanidad se constreñía, entre el positivismo como modo epistémico de su estudio, y la épica guerrera en atención a las características de un enciclopedismo erudito, obcecado por la gesta y glorias imperiales de Roma. Como lo señala Straka, las explicaciones al fenómeno del caudillismo en Venezuela, han sido y son muchas y validas, todo tiene que ver con la articulación epidémica a través de la cual se intenta viabilizar las circunstancias de su existencia, las cuales van desde el clima y la raza hasta los eventos económicos y sociales del contexto en el cual existió.
En todo caso, el caudillismo representa la herencia libertaria y mesiánica de quienes a lo largo de nuestros procesos históricos se han visto a si mismos como salvadores de la patria. De hecho, como lo apunta Straka e su texto:
A lo largo del siglo XIX y buena parte del XX, el caudillismo y la caldera que le propulsaba su energía, las constantes guerras civiles, fueron entendidas como las muestras más claras y contundentes de la inviabilidad del republicanismo hispanoamericano, de la anti-república que en la práctica imperaba con gobiernos personalistas, arbitrarios y violentos, en los que la institucionalidad y la legalidad a lo sumo tenían carácter accesorio e instrumental para quienes ejercían el poder. (p. 28)


Desde el punto de vista del análisis politológico que hoy en día prima la interpretación del caudillismo en Venezuela, este no era otro que el individuo de frontera al margen de la civilización europea en medio de la masa de indios, negros, llaneros de nuestras ciudades, ayunas del acriollamiento derivado del Estado colonial, y que a su vez, escapaba del control de las elites citadinas, emergiendo a la guerra como líderes militares en sus campamentos así como en las montoneras del siglo XIX.
El caudillo basa su ascendencia y dominio en la cuantía de sus riquezas, su prestigio, lealtades personales y talento militar, puestos en ejercicio para el control de la sociedad. Ante la insurgencia permanente de caudillos a quienes solo bastaba convocar a sus peones y declararse en campaña a favor o en contra de aquello que les beneficiara o no, “eran una especie de solución para garantizarle un mínimo de orden y convivencia cívica a la república”. Si bien la prosapia caudisllesca era fundamentalmente militar, siendo Páez y José Tadeo Monagas  sus más conspicuos e influyentes representantes en el siglo XIX, el origen de Antonio Guzmán Blanco es diferente. Es un civil, formado en las aulas universitarias que se trastoca en militar como vía hacia el alcance y ejercicio del poder en un país donde para ello la única alternativa viable era hacerse caudillo militar.
Dada su formación y no de otra manera, podía asumir su visión “burguesa” de la sociedad que intento construir bajo su mando. Para lograrlo, avanzo creando la condiciones necesarias desde el clima propicio a los negocios hasta el desempeño de una afrancesada sociabilidad derivada no solo de sus viajes a Europa, sino aliñada posteriormente con el intercambio comercial y cultural que se produjo con el viejo continente. A decir de Monseñor Juan Bautista Castro, Guzmán Blanco no solo significaba un cambio de hombres sino algo más, implantación de ideas y concreción práctica de los principios del liberalismo, llevados hasta sus últimas consecuencias.
Intentando se republicano, Guzmán no vio otra opción que el valerse de su prestigio personal para acaudillarse en el camino hacia el poder, con toda la crítica que antes de ello había ejercido en contra del sistema personalista del ejercicio del poder que se había establecido en Venezuela de la mano primigenia de José Antonio Páez al término de la guerra e inicio de la era republicana. Sus palabras al respecto son suficientemente claras, de acuerdo a la cita que de esto hace Straka (Ib.: 32): “la República para 1840 había dejado de ser, e sus condiciones de tal. Al pueblo habíase sustituido un hombre. Y al voto de los pueblos, la voluntad de ese hombre”. El autócrata civilizador, el ilustre americano, olvida esas palabras y se dedica al ejercicio del poder para construir las bases sobre las cuales abría de erigirse la nueva elite dominante de la sociedad venezolana a finales del siglo XIX.
Ahora bien, considerado el período que concluye justamente en el año1899, cuando se ha cumplido un avance significativo hacia la centralización del ejercicio del poder, las consideraciones que respecto al caudillismo hace Straka, dejan por fuera el hecho trascendente de la declinación y final de la era caudillista en Venezuela. De hecho, como señala Quintero (2009: 55 - 56), al referir la transición al centralismo: “El acuerdo o las alianzas ya no se erigen en función del respeto y mantenimiento de las autonomías locales, sino en la aceptación progresiva de la existencia de un poder central que regula ala conducción política nacional. Quienes no aceptan el nuevo pacto sufren el rigor de las mazmorras y los grillos o salen del país a la espera de otra oportunidad. Los otros, al aceptarlo, dan paso a la consolidación del poder central.”.
Es esa la manera como, a partir de octubre de 1899, con la entrada a Caracas del ejercito restaurador bajo las ordenes de Cipriano Castro se inicia el declive de la figura del caudillo quien, al crearse el moderno ejercito venezolano, dejará camino abierto a una misma forma del ejercicio del poder, con otra denominación: El caudillo se baja del caballo para dar paso a la tiranía, al dictador.
A partir del 22 de octubre de 1899, de acuerdo a lo que refiere Quintero (Ib.: 56) ó 23 de octubre de 1899, como finalmente lo recoge Caballero (2010: 21), habrán de sucederse los tres años “más violentos sino más sangrientos en la historia de la República de Venezuela desde 1830.”. Será definitivamente en el año 1903, en la Batalla de Ciudad Bolívar, cuando la República ve el final de aquella época transcurrida de la mano del caudillo, lo cual ha llevado a caracterizar el siglo XIX venezolano como el siglo de la guerra.
No deseo dar final a esta penúltima parte en el análisis del discurso strakiano, sin plasmar en él un elemento valido para la reflexión. Se trata de la cuestión militar y las dictaduras, los caudillos y las ideas políticas en Venezuela desde 1810 a nuestros días. En toda nuestra historia republicana, desde 1830 hasta 2010, el gobierno venezolano ha sido ejercido fundamentalmente por militares. De hecho, culmino esta sección con la presentación de o que he calificado como una anécdota empírica de nuestra historia republicana a este último respecto. En las tablas subsiguientes se aprecia en términos cuantitativos de número y temporalidad, el ejercicio de presidencias militares o civiles en el país. No hago consideración alguna por cuanto las cifras son elocuentemente significativas y da lugar para que cada quien realice la interpretación que mejor ajuste a sus ideas e ideales de manera lógica y convincente.

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