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Farmacéutico. Profesor Titular en la UDO. Consultoría y Asesoramiento en planificación, organización y gerencia. Coaching. Políticas públicas. Estudios de especialidad, maestría y doctorado.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Desde Guayana. Un grito por la descentralización política

EL CONTEXTO GLOBAL

La dinámica de la realidad política nacional se inscribe en un contexto que, a dieciséis o veinte meses de las probables fechas para la realización de los próximos comicios en los que habrán de elegirse nuevas autoridades estatales, estadales y municipales, no se tiene certidumbre en cuanto a que la línea que dibuja los cambios de un escenario a otro, hubiere abierto la inflexión conducente a la superación de la realidad actual, aún cuando los informes sobre el comportamiento de la opinión pública evidencien indicios de ello.

En el plano internacional, las actuaciones del actual gobierno venezolano ponen en entredicho el temple político de nuestro Estado – Nación, dadas las posiciones asumidas ante los hechos que se han venido sucediendo en los continentes africanos y asiático. El mundo global ha decidido apostar al reclamo abierto de sus deseos de progreso y bienestar en un ambiente de paz, signado por la libertad y la democracia como elementos inmanentes a la vida cotidiana. La juventud del mundo expresa sus deseos de participación activa en la construcción de su propio destino. Protagonismo y participación de las multitudes son banderas que, desde la medianía del siglo pasado vienen asociados a la evolución de los cambios tecnológicos en tanto expresión evolutiva hacia nuevos estadios de la humanidad.

En un contexto más cercano, tal es el caso de la política latinoamericana, el escenario general se encuentra abierto a la participación democrática, oscilando desde los extremos del militarismo continuista y hasta la denominada izquierda progresista. Entre ambos se ponen en evidencia situaciones particulares como el debilitamiento de la unidad democrática, en países donde este frente de lucha logro imponerse y motivar pueblos para superar los designios dictatoriales venidos de las filas militares y, otros, en los que los principios verdaderamente democráticos de personalidades que encarnan la realidad desde una perspectiva profundamente humanista y solidaria, han dado apertura en sus países a la superación de las necesidades apremiantes del colectivo social en el ámbito de lo que pudiera ser denominado metaliberalismo, suerte de liberalismo de avanzada en el que lo político y lo económico están al servicio del avance nacional intranacional en beneficio de la sociedad y cultura del hombre, el pueblo y la humanidad.

Sin embargo, hay situaciones en los que, la miopía de la dirigencia política, ha dejado al pueblo inerme, ante la incertidumbre de elegir como posibilidad de reemplazo político entre extremos que tienden a tocarse desde la perspectiva del reciente desarrollo histórico – político en sociedades que muestran logros encaminados a nuevos posicionamientos en el contexto del progreso, y el desarrollo. Allí, una dirigencia política carcomida en sus principios democráticos por el regreso al continuismo mesiánico, ha dejado abiertas las compuertas al regreso posible de militarismo y totalitarismo ante la ausencia de la necesaria unidad de los factores democráticos dada la pretendida imposición de liderazgos que habiendo perdido posicionamiento se negaron a la entrega del “testigo”, bien a la generación de relevo, bien al liderazgo emergente.

Pues bien, desde Guayana nos negamos a mantener el camino de esta última ruta. Desde Guayana levantamos nuestras voces para clamar por la libertad de la sociedad venezolana, la vida en democracia y la participación protagónica para la transformación de nuestra realidad, así como por la descentralización política como herramienta al servicio del progreso y desarrollo de nuestra región en todos los ámbitos de acción del hombre. Abogamos por que la definición de los liderazgos emergentes se realice al calor participativo de la multitud cuya mejor vía de expresión son las elecciones primarias. Al propiciar la participación de las bases para dirimir la conducción política y unitaria del país, del estado, del municipio, se otorga verdadero empoderamiento al pueblo, ese en nombre de quien todos hablan y que finalmente algunos ignoran de manera permanente.

EL PAÍS DE CARA A SU REALIDAD ACTUAL.

La Venezuela republicana tiene antecedentes de esa búsqueda con anterioridad a los prolegómenos temporales del siglo XIX. Ancla su despegue en 1830 al calor de su primera constitución, cuando aún no se había liberado totalmente del dominio colonial español. A la fecha, suma ciento ochenta y un años de vida al “amparo” de las leyes. Durante ese lapso de tiempo, la república ha sido gobernada por unos cuarenta presidentes, asumiendo la repetición de ejercicios presidenciales. De ellos, veintitrés, (57,5 %) han sido militares y diecisiete, (42,5 %) funcionarios civiles. En términos cronológicos, de esos ciento ochenta y un años, en el 72,22 %, su conducción ha estado bajo el mandato militar mientras que, durante el restante 27,77 % de ese lapso, la conducción ha correspondido a los civiles. Sin embargo, el balance final es claro, los mayores logros y avances en la construcción de ciudadanía, evolución humana y tránsito hacia la modernización han ocurrido bajo la égida civilizatoria del mandato liberal y democrático devenido del mundo civil.

La realidad anteriormente reflejada se encuentra con los albores del siglo XXI en el decurso de una conducción política que ha propiciado el desmantelamiento del país y sus más ingentes conquistas. Nadie niega que en medio de la vorágine democrática que lo envolvió a partir de 1958, los partidos perdieron su norte político y se hicieron con el control de los más inimaginables espacios de la vida nacional en un situación de franco deterioro participativo de la hoy denominada “sociedad civil”. Pero, si aquel deterioro fue importante, cual polvo ha traído estos lodos. En la actualidad, el deterioro de la vida nacional en todos sus órdenes es más que evidente. Para evidenciarlo, solo cabe tomar una muestra de cualquier sector de la actividad humana en los espacios del actual Estado Venezolano para estar en cuenta de nuestra depauperación política, económica, social y cultural.

A decir de los más variados análisis en tópicos diversos de la realidad nacional, se concluye que, como colectivo social hemos retrocedido en todos los órdenes. Es evidente la degradación moral del ejercicio del gobierno y el poder. La corrupción se ha instalado como parte de ética gubernamental. La desidia respecto a la atención de los grandes y pequeños problemas del país, es el indicador sobre el cual descansa la permanencia de los funcionarios gubernamentales en sus cargos. Ineficacia, ineficiencia, improductividad son signos aberrantes de lo que no es un buen gobierno. La gobernabilidad, en tanto derivación de la gerencia política para la atención y superación de las necesidades poblacionales, no existe en el ámbito del denominado “oficialismo”. Ni siquiera es posible otear, señalar y apuntalar en términos genéricos, la excepción que confirme la regla.

Mal estado y funcionamiento de los servicios públicos y necesarios a lo más elemental de la vida humana como acceso a la canasta alimentaria; procura de vivienda; servicios clínico – asistenciales de atención oportuna y mínimas condiciones de funcionamiento; educación de calidad y verdaderamente formadora para la vida; empleo digno y bien remunerado; seguridad jurídica, personal y de los bienes, son cuestiones básicas que hoy reclaman los habitantes del país. Esa es la realidad de nuestras condiciones actuales. Realidad sobre la cual es necesario mantener disponibilidad de superación, construyendo a diario las posibilidades de su transformación. Una transformación que tiene como punto de partida, la transformación de nuestra forma de encarar los problemas en el contexto de la postmodernidad y lo complejo, lo cual implica, por parte de la dirigencia política del Estado, trascender los agotados esquemas y viejas formas de entender lo político y ejercer la política, para encauzar al país por derroteros en los que la inclusión y la participación constituyan la base del protagonismo del individuo inmerso en el colectivo, para que todos puedan podamos participar en la construcción de un nuevo y verdadero país de avanzada.

En el marco de ese diagnóstico, esperamos el año 2012 como el hito temporal posible en el que podamos modificar, cambiar y transformar esa realidad. Hasta ahora, a nivel de las precandidaturas para disputar la representación unitaria de los venezolanos que clamamos por ello, encontramos que las precandidaturas que despuntan en el favoritismo electoral de la población, no pertenecen a ninguno de los tres o cuatro grandes o tradicionales partidos que dominaron la escena política nacional desde 1958. Eso representa una situación de cambio que, en este caso, se levanta desde la maduración política de la población que participa y sume su responsabilidad en la construcción del país deseado, abriendo causes a elementos que transforman la realidad prevalente desde los albores de la gesta democrática. Los valores políticos de este amplio sector de la población han cambiado.

El cambio en la tipología de los valores políticos de la población, esa que se niega a la entrega del país y sus libertades, implica también un cambio en sus percepciones de lo político y de la política. Si bien observa y acepta que lo político continua siendo la base para la vida en el marco de la convivencia social y superación de las diferencias, observa, aprecia y demanda cambios en la forma del hacer política. Una cuestión que involucra, no exclusivamente paro si, fundamentalmente a los partidos políticos. El país políticamente maduro, un país que resulta numéricamente importante, cuyos principios se han consolidado al calor de la libertad para elegir y decidir su destino, ganado para la participación,, dispuesto al trabajo creador y la superación de obstáculos y adversidades, es también un país contrario a las imposiciones. No solo las que provienen de un gobierno de corte militarista y neototalitario como el actual, sino de las directrices estalinistas y los acuerdos de “cogollos” partidistas que, tomándolos como borregos, pretenden llevarlos por senderos que habiendo sido trajinados en tiempos pretéritos, fueron y han sido en gran parte responsables de haber llegado a este punto en el que los lodos, avanzan en el evidente deslave nacional actual. A voz de cuello y desde Guayana gritamos NO, a las viejas formas de actuación política.

EL ESTADO BOLÍVAR Y LA UNIDAD

En el caso particular del estado Bolívar, negamos la vía del consenso como instrumento para la construcción de cualquier candidatura unitaria. Menos aún si se pretende fraguarla desde la cúpula de los partidos y mucho menos si las consideraciones para tales fines, se encuentran ausentes de la realidad del estado Bolívar y están signados, más por la comparecencia y el “neoamiguismo” mediático, que sobre el verdadero y mayoritario sentir guayanés. A ese respecto ya nos hemos manifestado y hecho público nuestro pronunciamiento. El documento “Unidad por la base. Primarias para la Gobernación”, así lo recoge y su presentación a la opinión pública fue motivo de uno de los actos políticos más importantes que se hayan producido recientemente en nuestro estado.

Hoy, los resultados de la confrontación fratricida derivada de la falta de acuerdos sustentados por la base y los consensos cupulares, se encuentran reflejados en la data electoral correspondiente al estado Bolívar en los dos últimos procesos: Elecciones regionales en 2008 y elecciones para cargos legislativos en 2010. La situación es clarísima: Guayana adolece de un verdadero liderazgo, que superando la proyección de lo mediático, se inserte profundamente en las raíces de esta tierra de gracia.

En el contexto de todo cuanto queda señalado en este documento, lo consideramos expresión de las mayorías que hacen vida en la sociedad guayanesa. El resultado de los acercamientos y encuentros sostenidos con diferentes sectores de la vida regional y sus habitantes, lo hacen igualmente expresión de una multitud ansiosa de cambios fundamentales en la conducción del país.

Hacer verdaderamente nítida la línea de inflexión que separa la prolongación del actual estado de cosas que impera en la realidad política, económica, social y cultural del país, abriendo camino a las rutas que conducen a la mayor suma de felicidad posible en medio de un ambiente cada vez más elevado en cuanto condiciones y calidad de vida de la población, haciéndonos en la construcción de un país que leva anclas al siglo XXI para posicionarse como la cuna de las libertades en este lado del mundo, es responsabilidad de todos pero muy particularmente de que la dirigencia emergente del país, este convencida de su rol en procura del deslinde definitivo hacia ese nuevo y verdadero país. Desde Guayana abogamos por ello. Nosotros asumimos nuestro compromiso, cada quien asuma el suyo….


Ciudad Bolívar 8 de mayo de 2011