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Farmacéutico. Profesor Titular en la UDO. Consultoría y Asesoramiento en planificación, organización y gerencia. Coaching. Políticas públicas. Estudios de especialidad, maestría y doctorado.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Venezuela siglo XXI: Boom literario o boom editorial

Al iniciarse el año 2012 y, aún con la inercia energética que en materia de lectura recién había dejado el 29 de diciembre cuando la playa se constituyó en mi refugio para recibirlo, confieso no haber tenido mayor actividad en cuanto a lectura y reflexión. Sin embargo, las ideas que habían quedado en mi mente luego de la lectura consecutiva de unas tres o cuatro novelas urbanas venezolanas a finales de 2011, me hacían compañía permanentemente. Recordaba el “boom” latinoamericano de la literatura que tan buenos e inteligentes escritores,  pensadores e intelectuales y,  por supuesto sus ideas, nos legó durante el último tercio del siglo pasado.
Alberto Barrera Tyszka con “La enfermedad” y más recientemente con “Rating”; Francisco Suniaga con “La otra isla” primero, “El pasajero de Truman” después y finalmente “Margarita infanta”, me hablaron de una nueva generación de escritores, esta vez, exclusivamente venezolanos. Ya finalizando 2011 y febrero de 2012, llegaron a mis manos y verdaderamente devore “Blue Label / Etiqueta Azul” y “Los desterrados” de Eduardo Sánchez Rúgeles; “Valle Zamuro” de Camilo Pino; “Cuatro estaciones y una voz” de José Luis Lozada Segovia; “La nube” de  Menena Cottin y finalmente por ahora, “Dos monstruos juntos” de Boris Izaguirre. Esta producción literaria,  comprometida con los nuevos tiempos que habita el país si la comparamos, por ejemplo, con  “Los habitantes” de Salvador Garmendia y “50 vacas gordas” de Isaac Chocrón, constituyen parte de la nueva narrativa que en planos similares pero en una Venezuela distinta, fueron parte de aquel Boom” latino.
Ahora bien, en el caso de una novelística igualmente local tal como “Carta a Léontine” del italiano Raffaello Mastrolonardo y la juvenil novela francesa de Carmen Bramly, “La caricia desnuda”, corresponden a lo que hemos de considerar con mayor direccionalidad  editorial que tal vez, literaria, con lo cual la dinámica implícita en el “bucle” complejo literatura – editorial – lectores habría de ser asumido en el contexto de la globalización. Por tanto, estamos ante la dicotomía venezolana de lo literario y lo editorial con lo cual es dable afirmar que, Venezuela  vive un momento interesante en cuanto a su producción bibliográfica en el terreno de la novela temporalmente ubicada en los comienzos del siglo XIX, cuando se supera la sequía preexistente. Es el planteamiento que se hace el propio Sánchez Rugeles (2011: 101 – 109) en cuanto al papel de los intelectuales ante el momento político, económico, social y cultural que vivimos, particularmente desde 1999 a la fecha. Un momento en el que el periodista y el ejercicio de tal profesión parecerían copar el escenario de las ideas, una cuestión más de percepciones que de realidades profundas.
Es cierto que la presencia, más que del periodismo, de los medios de comunicación socialmente organizados y económicamente predefinidos, pareciera otorgar preeminencia social a los profesionales de la información. Una cuestión que no es del todo cierta y que pudiéramos confrontar en oportunidad posterior. Esto porque el periodismo de denuncia existe y ha existido en Venezuela como parte del ejercicio de la libertad de opinión, información y expresión en el último período democrático. Muy a pesar de lo que suponga Kiko y sin ánimo descalificatorio alguno por cuanto su  valor y relevancia tiene, “Sangre en el diván. El extraordinario caso del Dr. Chirinos” de Ibeyise Pacheco corresponde al periodismo de investigación y de denuncia pero no, al aporte de ideas o nuevas interpretaciones de la realidad venezolana.
Es evidente que la narrativa venezolana ha ingresado a una nueva fase. Capítulo aparte merecen los textos que sobre la virginidad, la infidelidad y el crecimiento personal, particularmente en lo atinente a la mujer, se han escrito y publicado recientemente en el país. Sin lugar a dudas, estamos ante un “boom” editorial, pero igualmente, estamos simultáneamente ante un “boom” literario en correspondencia con la interpretación que de las realidades postmodernas y transmodernas hacen los escritores emergentes en esta nueva generación de hombres y mujeres de las ideas en Venezuela.

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