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Farmacéutico. Profesor Titular en la UDO. Consultor y Asesor de Empresas. Estudios de especialidad, maestria y doctorado. Gerencia de ciencia y tecnología; planificacion financiera; planificación de la educación superior; gerencia de organizaciones; gerencia política y gobernabilidad. Pensamiento complejo. Historia de Venezuela. Docente investigador de Postgrado. Locutor certificado por la UCV.

martes, 25 de diciembre de 2012

Continuidad del mandato presidencial en ausencia (I




Venezuela del 5 al 10 de enero de 2013

La fragua y consolidación de la idiosincrasia de un territorio y sus habitantes que, en el caso venezolano, corresponderían al concepto de Nación, deviene en un quehacer que en tanto acumulación de principios, valores, saberes, amén de otros factores, son  determinantes de su direccionalidad cultural y conductual. De hecho, en cuanto a lo público y lo privado, cada sociedad se desempeña de acuerdo a los intereses de sus comunidades e instituciones con una clara diferenciación entre ambos sectores de la vida colectiva.
Sin embargo, los principios, valores y saberes colectivos no son estáticos y de hecho su concepción, aceptación y operacionalización pueden varias en el tiempo. Esto puede ocurrir como consecuencia del propio avance de la sociedad, la técnica y el conocimiento, tal es el caso del trabajo, por ejemplo, cuando la robótica ha implicado para el homus faber, homus economicus de hoy, la necesidad de aprehender, aprender y hacer con base en nuevas formas de abordar las labores cotidianas y del trabajo, lo que conlleva el surgimiento de nuevos valores asociados a hechos tales como las derivaciones del nuevo modelo ecológico de sustentabilidad para la naturaleza y el hombre y obvio, la propia sociedad.
Otro de los múltiples factores que pueden incidir en los cambios sociales y el comportamiento colectivo en el contexto del  nuevo paradigma o modelo ecológico de desarrollo integral y complejo de la sociedad, deriva de la extensión de las expectativas de vida al nacer En ese caso, el incremento del número de años que puede llegar a vivir una persona, asociado a diferentes aspectos de su actividad profesional y el surgimiento de las nuevas tecnologías, le obligan a reciclar conocimientos y experiencias que llegan a afectar no solo su actividad laboral, sino incluso su vida personal y afectiva.
Pero, más allá de las variadas e infinitas formas en que pueden generarse los cambios y transformaciones sociales, se ubican aquellas condiciones de cambio inducido, que no espontaneo, las cuales obedecen a algún fin predeterminado, no necesariamente asociado al bienestar colectivo sino al establecimiento de situaciones de facto con un clara orientación al manejo y control de la sociedad. Es el caso de los llamados procesos revolucionarios.
Uno de esos casos, discurriendo actualmente en el mundo, es el correspondiente a la realidad venezolana. Es evidente que quienes nos oponemos a la instauración en Venezuela de un régimen político que afecta las libertades fundamentales del hombre y la sociedad en aras de una supuesta redención del colectivo, lo hagamos desde posiciones ajustadas a una Constitución que aún no es obra realizada a la medida de las apetencias de poder de los personeros del gobierno, en la que aún hay suficiente espacios para la maniobra democrática. Empero, esa no es la óptica con la cual operan quienes se atribuyen la misión de construir un hombre y una sociedad nuevas a su imagen y semejanza, bajo un sino político que hasta ahora ha demostrado su inoperancia a nivel mundial, donde quiera que se ha pretendido su instauración, con el único resultado capaz de presentar, cual  es su fracaso político a la par de la infelicidad de los pueblos en los que esta experiencia a intentado validarse.
Esa es la única explicación posible al hecho de que, desconociendo el país el verdadero estado de salud del presidente de la república, se haya abierto el debate de la sucesión presidencial y los sectores contestes con la revolución, pretendan hacer caso omiso de la Constitución mediante artificios leguleyos cuyo único objetivo es la prolongación de su estancia en el poder a través del mandato de una persona que hoy por hoy no sabemos si esta en condiciones de ejercerlo, suscitando una lucha feroz entre sus partidarios, a ver quien, baypaseando los deseos del actual “monarca” venezolano, se queda definitivamente con el mando.
Como bien lo han señalado voceros del proceso revolucionario, de ellos y en primer lugar, el presidente de la Asamblea Nacional, el “candidato elegido”, referido en este caso a los comicios presidenciales del pasado 7 de octubre en los que el candidato elegido fue Hugo Rafael Chávez Frías, puede juramentarse ante el Tribunal Supremo de Justicia con base al deterioro de su estado de salud como  causa sobrevenida a la elección (Articulo 231 de la Constitución). Esa es una situación que bien puede resolverse el 10 de enero, fecha que expresamente se encuentra establecida en la Constitución como inicio de cada período de gobierno, el que ha de iniciarse, entre 10 de enero de 2013 y 10 de enero de 2019.
Ahora bien, el artículo 237 de la misma Constitución, señala que el Presidente de la República “presentará cada año personalmente a la Asamblea Nacional un mensaje en que dará cuenta de los aspectos políticos, económicos, sociales y administrativos de su gestión durante el año inmediatamente anterior.”. O sea, que de no haber resultado electo y aún habiéndolo sido, el presidente Chávez está obligado a presentarse personalmente ante la Asamblea Nacional para dar cuanta de su gestión durante el año inmediatamente anterior. De no haber resultado electo, igualmente tendría que hacerlo y ello ocurriría, como es y ha sido tradición universal, en acto previo a la juramentación del nuevo presidente electo. Dicha presentación ha de ocurrir en los diez días siguientes a la instalación de la Asamblea Nacional, a más tardar el 15 de enero de 2013.
Es evidente que, de tener el presidente algún impedimento, sea este de la naturaleza que sea, para presentarse ante la Asamblea Nacional y presentar el informe de su gestión, ello ha de asumirse como en realidad es en primer término, ausencia de comparecencia personal a la cual está constitucionalmente obligado, ante una Institución de la República por lo cual, esta falta, de acuerdo con la situación que la origina puede tenerse como temporal o absoluta. Desde allí, arranca y ha de arrancar el análisis en profundidad de la situación de incertidumbre que mantiene en vilo al país, dado que no sabe a ciencia cierta, el estado de salud del candidato elegido y menos aún el pronóstico del mismo.
De allí que, quienes pretendan o imaginen que tienen ante sí la posibilidad de mantenerse en el poder de manera indefinida, sorteando la Constitución mediante filigranas políticas de base leguleya y no de derecho, como verdaderamente y ciertamente ha de corresponder, están equivocados. Se puede argumentar que todos los poderes públicos se encuentran, como en efecto lo están, dominados y en manos de “revolucionarios” que, como lo han hecho la casi totalidad de los gobernadores juramentados la semana pasada, juran lealtad a una persona por encima del tejido jurídico y constitucional del país. Que como consecuencia de ello, favorecerán con la evacuación de sus consultas, todo lo que implique, asegura y extender la permanencia revolucionaria en el poder presidencial hasta tanto se configure un contexto que pueda favorecer la sucesión.
La cuestión es, por cuanto tiempo podrán hacerlo y hasta donde llegara su cinismo para continuar pisoteando la Constitución antes de dar el palo definitivo a la lámpara. Nadie sino su caradurismo pueden saberlo. Lo que si ha de estar claro para las fuerzas de oposición democrática es que posiblemente hayamos de llegar a lo que no imaginamos o imaginaron muchos de quienes votaron en contra de la Constitución actual en el ejercicio pleno de sus derechos democráticos: Defenderla en la calle. Esa y solo esa será, dentro de este ciclo de la vida nacional, la última oportunidad de defensa democrática del país….
 


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